Responsabilizate e Implicate de una vez, luego será tarde...



Me he quedado muy pillada con el vídeo del oso polar que famélico buscaba desesperado alimento porque mi conciencia me grita que yo también soy responsable de lo que está ocurriendo con mi mundo, con el planeta donde crío a mis hijos y donde no estoy segura si mis nietos podrán vivir.
 

 

Hasta hace poco podíamos no creerlo, alegrar que eso del “cambio climático” era un invento de los verdes, los anti-sistema, de los agoreros y pesimista. Pero no, ahora es una evidencia con la que nos golpeamos cada vez que miramos nuestro facebook o simplemente salimos de viaje fuera de nuestra ciudad. No hay que ser muy observador para apreciar que donde antes teníamos verde ahora hay desiertos; donde vayas, donde mires, lo ves: pantanos casi vacíos, tierras secas, bosques perdidos y mares (el menor) destruidos. 
 

 

Aunque me cueste reconocerlo y prefiera echar la culpa a los gobiernos y las administraciones, a las grandes y avariciosas empresas, al dinero, yo también soy responsable. Yo también cojo mi coche diésel en lugar del autobús para desplazarme. Yo también contrato eléctricas con ofertas que no usan energías alternativas. Yo también pongo la calefacción a tope para andar por casa en manga corta. Yo también compro y tiro sin pensar en los montones de basura que género.  Yo también vivo pensando solo en mi misma y olvidando las consecuencias de mi comodidad. Me olvido de que mi modo de vida está provocando el  efecto invernadero, la contaminación atmosférica, el problema del ozono, el despilfarro de los recursos, la lluvia ácida, el exceso de basura y el desmedido consumo de agua y energía.
 
Me conformo con quejarme amargamente porque en las comunidades,  ayuntamientos  y entidades gubernamentales no se promocione, incluso obligue, a usar la energía solar en todos los edificios oficiales, empresas y domicilios particulares. Me lamento, que en Madrid, una de las ciudades más soleadas de Europa, no brillen infinitos espejos solares en los tejados de todos los edificios aportando a sus moradores la energía necesaria para mantenerlos calientes en verano y fríos en invierno.  Protesto porque no se invierta más recursos en investigar y promocionar otras energías  limpias. Y sueño con una ciudad donde millones de personas no tengan que desplazarse de un extremo al otro para trabajar y puedan quedarse en su barrio realizando el mismo cometido pero remotamente, quizás con centros de teletrabajo en cada barriada a los que puedas ir paseando sin necesidad de quemar el combustible de tu automóvil para recorrerte miles de kilómetros al año.


 
Pero, si ellos, los que nos gobiernan,  no toman medidas, ¿por qué conformarnos y solo lamentarnos? ¿Por qué pensar  que como solo puedo hacer muy poco pues no hago nada? Un poco de muchos en una barbaridad. Nosotros, los ciudadanos tenemos mucho poder porque somos los consumidores de una sociedad donde prima el negocio y la pasta,  contratando solo empresas comprometidas con el medio ambiente. 

También podemos colaborar individualmente comprometiéndonos con hábitos más cuidadosos con nuestro planeta: reciclar, controlar nuestro consumo de agua y luz, andar más usando menos el coche,  plantar algún árbol, no ensuciar, ni tirar basuras al suelo nada, reciclar el aceite de la cocina y del coche (un litro de aceite puede contaminar 1.000 litros de agua),  llevar tus electrodomésticos viejos a un punto limpio. Tenemos que pensar qué cosas de nuestra vida debemos cambiar para conseguir parar esto que ya está ocurriendo con nuestro planeta porque tú también eres responsable y tú también puedes y debes hacer algo.
 

 

Así que vamos a plantearnos de corazón qué podemos hacer cada uno.  Es el momento de implicarse.  ¡¡Reacciona!!

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