72.-¡ Qué viene Legolas!

-¡MAMAAAA!¡MAMAAAA! - me grita mi hijo en cuanto entra a casa. Ha estado callejeando, lo que a mí me encanta, porque a diferencia de su madre que no entraba a casa de chica, este niño hay que literalmente arrastrarle hasta la calle y cerrarle la puerta en las narices para conseguir que se separe de las dichosas consolitas. Y cada vez me cuesta más porque pesa sus cincuenta kilitos y mide uno sesenta con sus once años.
  -¡Te he dicho mil veces que NOOO ME GRITES!- Le digo gritando como una descerebrada.
 -Pero mama, mis amigos dicen que hay una enfermera con Ébola en el hospital de enfrente.
 -¿Qué dices? No puede ser...- Le contesto asustada.

Corro a la cocina, pongo la radio y sí que es. Por lo visto una enfermera que atendió a los misioneros tiene el ébola y está en el hospital que hay enfrente de mi casa.
 El hospital donde estuvo mi hija hace dos días...  ¿porque no me enteré cuando me llamaron al móvil para recogerla y se la tuvieron que llevar a la consulta?. ¡Mierda!. Nosotros que nunca vamos a ese hospital. Y voy y no oigo el teléfono. ¿Es cosa del destino? ¡Qué maldita casualidad! ¿Pero la enfermera trabaja en el hospital? ¿Y si coincidió con mi peque?¿Y si la mala suerte...? .No puedo ni pensarlo... Si le pasa algo a mi niña me muero..., pienso con el corazón en un puño.

¿Qué se yo del ébola? Pues que es una enfermedad que tienen los pobres negritos en la lejana África. No debería estar en Europa, no debería afectarnos a los que vivimos en el lado bueno del mundo. ¡Nosotros somos los afortunados! ¡Mierda! Si es qué... ¿Para qué trajeron a los misioneros?

Continuo atenta a la tele a ver que más cuentan. Está dando una rueda de prensa la ministra de sanidad. Y me entero que no trabajaba en el hospital, que fue de urgencias y la llevaron en ambulancia. Menos mal, mi princesa está a salvo.

-Mama... Me llama mi niña con carita preocupada. - Aunque yo me siento completamente aliviada.
 -Dime cariño.
-Tengo miedo de que venga volando el Legolas y me chupe en el cuello.- ¡Ostras! ¡Pedrín! . me empiezo a reír con nerviosismo. ¡Menudo lio tiene mi nena!
-Si viene el Legolas me avisas y me echo una foto con él.- Me rio a carcajada limpia en un ataque de ansiedad. Me ha cambiado el humor de pronto.
-Pero mama... Tengo mucho miedo.- Me dice enfadada porque no la tomo en serio.
 -Ay, cariño, perdóname... Es que Legolas es un tío muy guapo que a mama le gusta mucho. El virus se llama Ébola, y no vuela, ni tampoco muerde a las niñas.
 -Pero viene de un murciélago. ¿no? ¡Chupa la sangre! Me lo han dicho en el cole.
 -No, mi vida. Lo que has debido oír es que esta enfermedad es típica de los murciélagos. No de los humanos. Pero como en África son pobres se han debido comer un murciélago enfermo y se han contagiado. Eres una niña con mucha suerte porque vives en un país bueno.- Tenemos mucha suerte de haber nacido aquí, pienso para mi misma.
 -Pero mama, tengo mucho miedo.
-No te preocupes que hoy duermes con papá y ya verás como Legolas no se acerca...

Suena el teléfono y es mi padre:
-¿Has visto la tele?
-Sí. Es el hospital de casa.
-Si es que los españolitos somos así. ¡Unos chapuzas!. Seguro que no llevaban lo que debían. Si es que nunca cambiaremos en este país. ¡Esto sólo nos pasa en España!
 -Si es que queremos ser pero no podemos.
 -Y se fue de vacaciones. A saber la gente que se ha contagiado.
 -Madre mía... - Me entra algo así como un terror frío. Se va a evaporado mi alegría de antes. Esto puede ser horrible. Vuelven de nuevo los malos presentimientos y oscuros nubarrones de enfermedad y muerte me persiguen mientras achicharro el pescado de la cena con alma en pena.

En los postres me llegan un montón de whatsup. Joeee, ¿Ya hay chistes? Y encima me hacen reír de verdad, sobre todo el de unas señoras con bolsas del Alcampo en la cabeza. Los españolitos también somos así, unos chistosos. En lugar de acojonarnos, nos liamos a mandarnos chorradas. Aunque mejor reír que llorar, por supuesto... Y me vuelco en la labor de reenviarlos a mis amigos: Para que se sientan mejor como yo. Sin darme cuenta he pasado de estar aterrorizada a partirme de risa de las ocurrencias que manda la gente. ¡Somos la leche! ¡Hasta de la muerte nos guaseamos! Y siento algo así como un orgullo de tomarnos la vida de este modo.

Pero en el fondo y a pesar de tanta guasa estoy acojonada hasta los huesos. Este episodio me suena a los libros del fin del mundo que he leído tantas veces. Esa noche duermo fatal, tengo pesadillas con aviones que llegan a Barajas llenos de zombies con un virus mortal muy contagioso. Muertos vivientes bailando Thriller mientras contagian a los vivos del ebola.  Legolás vanpiros que uerden a mis niños y les contaminan la sangre...  Me despierto agotada de tanto luchar con tanto monstruo, y voy corriendo a desempolvar el jabón de manos que compre cuando la amenaza de la gripe aviar.

Hoy empezamos con medidas severas de higiene en casa.
 -Lo importante es la higiene. Hay que lavarse las manos muchas veces al día. Nada de besos, solo a mama. Cuidado con beber de donde beben los demás. Nada de besos. Cuidado al ir al baño. No tocar nada. No compartáis nada con nadie.
-Mama, si hay ébola en Alcorcón, no tendré que ir al colegio, ¿no?- Me pregunta mi hijo esperanzado.
-Anda, andaaaa..., que cualquier cosa es buena para no ir al cole.
-Mama, pero si hay legolas, nos pondrán una vacuna, ¿no?
-¡No!¡ pinchazos no!
-Pues tendrás que pincharte o vendrá el legolas y te morderá el cuello. ¡Cobardica!
-¡Anda que tú! Que has tenido que dormir con papa.

 Por la radio de camino al trabajo me entero de un montón de detalles que me indignan. Estoy morada de rabia, lo siento.  Si es que esto solo puede pasar en España. ¡Quiero que alguien dimita! ¡Qué mal se han hecho las cosas! ¿Y todo para qué? ¿Por aparentar que somos un país avanzado? ¿ O es una cuestión de humanidad? Si yo me estuviese muriendo al otro lado del mundo, ¿Querría que me repatriaran? ¿Eso es lo ético?. ¿O lo ético es gastarse el dinero que cuesta repatriar a los misiones en médicos en África? Ufff, menos mal que no soy ministra, porque no tengo nada claras las cosas.

 -¡Eh! Los de Alcorcón lejitos no vaya a ser que traigan el virus. -Me dice mi compi en la oficina. -¡Que graciosillo eres majete! Además ya se han llevado a Teresa al Carlos III. Ahora está más cerca de tu casa que de la mía.
-¡Bah! No os preocupéis. La medicina en España es mucho mejor que en África. Aquí seguro que la cuidan y sobrevive.
 -Pues yo creo que no.
 -¿Qué te apuestas?


Nos enteramos que Teresa empeora rápidamente, tiene afectados varios órganos. Está muy grave. De nuevo vuelven las nubes grises a mi cabeza. ¡Ay! ¡Por Dios! Que se cure. Pobrecita. Ella es joven, estaba sana y parecía fuerte en las fotos. Si ella se muere significa que la medicina moderna no habrá podido con el ébola. Entonces, no habrá esperanza. Estoy muy agobiada y apenada. ¿Será posible que no puedan salvarla? Pienso en mi familia, mi hijo y mi madre se contagian con ver a un enfermo. ¿Qué será de nosotros? El caos..

-Mama, hay más señores con el Legolas. Pero ha dicho mi seño que los mayores lo están arreglando y que no nos preocupemos.
-Tu profesora sabe muy bien lo que se dice.
-Mama- Dice el otro- En mi cole nos han explicado que es una enfermedad que normalmente tienen animales como el mono y el murciélago. Por lo visto a ellos no les mata, pero a los hombres sí. 
-Pues mama -dice la enana, en el cole me han dicho que el perro tiene el legolas.
-Ebola cariño. ¿Pero qué perro?
-¡Pues su perro!
 -Pero qué dices. ¡Eso es mentira! Solo tienen el ébola los monos y los murciélagos. lo ha dicho mi profe. -Le replica el hermano.
-No, que lo sé yo, que me lo han dicho, el perro también está malo. -Y nunca supimos si estaba malo porque al pobre lo mataron. Pero eso nunca se lo conté a mi hija.

Hoy han dicho que teresa está estable dentro de la gravedad, los políticos se han estado tirando los trastos a la cabeza, un inútil, que no dimite ni para atrás, ha dicho que no hay que tener carrera para ponerse el traje y le ha echado toda la culpa a la auxiliar; claro, se ha liado la de Dios. Y Rajoy ha tenido que pasarse por el hospital a calmar los ánimos. También se han publicado en la prensa muchas barbaridades, en internet hay de todo; desde que es un invento de las ONG para consegir pasta, como que el ejército ha tomado Alcorcón y tonterías varias.

El personal sanitario está indignado y no me extraña, aún no saben cómo se contagio Teresa y ellos están allí cuidándola jugándose la vida.   No me cuesta mucho imaginármelos en la planta del hospital, con los trajes, guantes y mascarillas. No me cuesta nada imaginarme la inseguridad que deben sentir, el terror a contagiarse y que les pase lo mismo que la persona que cuidan. Pobrecillos. la verdad es que son unos valientes y unos héroes. Tienen toda mi admiración.

Pero lo peor de hoy es que ha volado un señor desde África, haciendo escala en Paris, con fiebre. También tiene fiebre otra enfermera, un señor que iba en la camilla y otro de la cruz roja que ayudo en África. ¡Qué agobio! Hay mogollón de gente ingresada y en observación, cada vez incrementan más la cifra.  Esto se nos está descontrolando.

Evito poner la tele para que los niños no oigan las noticias y estén tranquilos. Pero yo no logro dormirme, la enfermedad esta parece que va ganando. Si al final se contagia de modo más sencillo, y con lo violenta que es, se nos viene una buena encima. Dios mío y debe ser muy dolorosa. Por lo visto vomitas sangre, te destroza los órganos, tienes dolores musculares fuertes... Yo nunca he llevado bien lo del dolor; ni el mío, ni el de los míos.

De nuevo veo el futuro con un color catastrofista. Si mis niños se contagian, no podría superarlo, me contagiaría yo también. No podría vivir sin mis pequeñines, no soporto ni pensarlo. .. Si empeora la cosa en Madrid, cerramos la casa y nos vamos lejos, a un sitio avandonado, alejado de la civilización y de otras personas. Nos aislamos. Aunque lo pierda todo, tengo que salvar a mis niños. Es de noche, llueve mucho y está muy oscuro; Lo veo todo negro. Es la hora de las preocupaciones y no se van de mi cabeza. Espero que mañana salga un sol radiante y sienta las cosas de otra manera.  Menos mal que en este vendito país al menos tenemos sol...  Con estos pensamientos me duermo, y nuevamente sueño con enfermos y con nuestra huida, como la que me contaba mi abuela que hizo ella en la guerra. Huimos al bosque, y comemos lagartijas que decía mi abuela que sabían a pollo, aunque no me lo creía mucho y desconfiaba de chica...

Al día siguiente veo en facebook una publicación donde sale un ángel negrito que le dice al perro, a ti tampoco te hicieron caso y se me cae el alma a los píes. He sentido, miedo, terror, agobio, guasa, alivio, susto, indignación... Pero ahora lo que siento es vergüenza, porque solo he pensado en mi misma, solo me ha preocupado el ebola cuando ha estado en el hospital enfrente de mi casa. Pero me han dado lo mismo los miles de muertos que ya hay en África. Eso estaba tan lejano que me resbalaba. Mis cositas, mis gilipolleces siempre son tan importante que no me dejan ver lo demás.

¡Qué vergüenza! ¡Qué egoísta! ¿Qué puedo hacer yo? Pues algo he de hacer, algo que me ayude a tranquilizar mi conciencia. Voy a donar. Voy a poner mi granito de arena para que ayuden a toda esa gente. Si pudiera lograr que todo el mundo donase un poquito, en total sería muchos, porque somos tantos los de a pie. Ni corta ni perezosa me pongo a buscar ONGs que estén ayudando en Africa, y me las estudio. En realidad están haciendo un trabajo manifico, y la gente... ¡Que buena es mucha gente! Estoy conmovida por lo generosas y maravillosas que son algunas personas. Es impresionante como se juegan la vida por los demás en un país lejano.  ¡Hay que ayudarles!

Parece que Teresa mejora, le han hecho un primer análisis y sus anticuerpos han podido con el ebola. Los médicos han logrado mantenerla viva, para que su cuerpo tuviera tiempo a defenderse. Los otros casos también han dado negativo, así que ¡Vamos ganando!

-Mami, ya no tiene legolas la chica.
-Es verdad, han dicho por la radio que le han hecho un segundo análisis y está sin virus.
-¡Qué bien! Ya no tenemos que vacunarnos, ¿no?
-Estoy tan contenta, me alegro tanto por ella, por su pobre madre, por su marido, por los médicos que le han cuidado, por todos que vemos como nuestra medicina nos puede salvar. Me alegro muchísimo por mis niños que no corren riesgo
- ¿Estás más tranquila? ¿Has visto que no hay por qué preocuparse? Si nos ponemos malos los médicos nos curan.
-Sí, mamá. Ahora lo que hay que hacer es no dejar entrar a nadie de África.
-Ay cariño, eso es muy injusto y egoista... Así la afortunada Europa volverá a estar segura y se quedará tranquila mirandose el hombligo una vez más.  Hija, no tienes ni idea de la suerte que tienes por haber nacido en el lado bueno del mundo.

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