70.- Cuarentañera

Hoy me he levantado pensando que todo parece igual que ayer, en realidad no noto nada especial, mi mundo continúa igual aunque hoy haya pasado de década. ¿Se supone que hoy comienzan esas cosas de la crisis de los cuarenta? ¿Hoy me llegará la temida depre que les da a los cuarentones? ¿Y empezaré a hacer tonterías varias? No sé, como eso de cambiar un marido por dos venteañeros…

¡Vaya palabrita más fea! CUARENTONES. Hay que tener mala idea para inventarla. Sería alguien realmente amargado el que la creo. Suena horrible: C-U-A-R-E-N-T-O-N-A. ¡Qué horror!
Estoy convencida que para nuestra generación debería ser cuarentañeros, eso de cuarentones es que no nos va nada... Porque los cuarenta de ahora son como los 20 de antes. Ahorra la gente con cuarenta está estupenda, come bien, está más sana, se cuida mucho, hace deporte, es muy activa, aún está en la etapa de creación de la vida, descubriendo sensaciones, explorando nuevas experiencias.
Cuarentones implica connotaciones que no se nos puede aplica. Para mí, toda la vida una cuarentona es una señora vieja con traje feo y pelo recogido malamente, triste, que ya ha hecho todo lo que tenía que hacer, que está acabada.... ¿Quién es ahora así a los cuarenta? ¡A los cuarenta aún nos queda toda la vida por descubrir!

Por favor os lo pido, a mi llamarme cuarentañera que me gusta mucho más y me va perfectamente a mi mentalidad infantil y como me siento. Me siento como una niña que disfruta de la vida, solo que quizás un poco resabida... Quizás es ese el problema de los cuarentones que quieren ser cuarenteños, y demostrar a los demás que aún son jóvenes, por eso pierden los papeles y les da lo de la crisis. ¿Será eso? Entonces yo ya he empezado el mal camino… porque esta noche me voy de fiesta a bailar hasta que salga el sol como una de veinte. Mi marido que me conoce bien me ha regalado el mejor regalo del mundo: Poder baillar toda la noche en una magnifica terraza de Madrid bajo la luz de la luna.

Me ha traído a la mente la primara vez que un niño me dijo "señora, me puede decir la hora???" AGGGG, ¿¿SEÑORA?? No, no, niño, ¡¡pídesela a tu ummmmm… madre!!. El pobre niño se quedaría pensando que SEÑORA más borde… Lo que el chaval no sabía era que ese “señora”fue un gran golpe para mí, el principio del fin de una era, yo era ya una señora. Una señora con toda la ley. Ese fue el hito que me marco el paso de la juventud a la madurez. ¡Pero bendita madurez!

Desde la cama me he ido al espejo, me he mirado un buen rato, analizando en mi cara cada rasgo, cada arruga, cada lunar y cada espinilla. Y la verdad es que me he visto igual que cuando unas horas antes tenía una década menos. ¡Qué cosas! Pero es verdad que voy notando ciertos detalles que me fastidian un poquitín: Ahora me tengo que pintar siempre la raya para verme ojos. Y toca teñirse el pelo una vez al mes para esconder las molestas canas que empiezan a multiplicarse a toda velocidad. Me ha salido una mancha solar muy horrorosa en el pómulo y un par de verruguitas de esas de vieja en el cuello, además hay cosas que se caen... ¡Qué asqueroso es esto de la gravedad a los cuarenta!.

El cuerpo tampoco aguanta como antes. Antes salía el viernes, sábado y Domingo y no pasaba nada. Me levantaba más tarde y ya está. Ahora salgo un día y tardo tres en recuperarme. Como coma o beba más de la cuenta tardo una semana en normalizar mi estómago. Como se me tuerza un pie, paso un mes con dolores, cuando antes se me torcían a diario los pies para cada lado y no me pasaba nada (siempre he sido un poco patosilla y muy hiperlaxa).

Pero estoy convencida que los cuarenta son una muy buena década; He superado muchas de las tonterías que me preocupaban y me bloqueaban muchas veces, he aprendido a reírme de mi misma, he asumido mis limitaciones y ya no me da la gana perder el tiempo en esconderlas, a quien no le guste pues que vaya por otro camino. Me he liberado de intentar ser maja y simpática con todo el mundo. Y he perdido muchos pelos de la lengua, así que digo lo que pienso y me quedo tan a gusto. Aunque también he aprendido a tener mano izquierda y ser conciliadora cuando hace falta. Pero lo más importante es que he aprendido a valorar las pequeñas cosas, los momentos buenos, el amor incondicional de mi maridos y mis niños, el respaldo de mi familia, la compañía de mis amigos, la diversión es las fiestas, la liberación de las escapadas, los momentos de paz, la tranquilidad en el hogar… Al trabajar aún no le he pillado el punto.

En fin, los años pasan, pero aún quedan muchas cosas por vivir y muchas más por hacer. Pero aunque tenga cuarenta y como dice el refrán a mal tiempo buena cara... he decidido celebrar mis cuarenta como dios manda y me he ido a la pastelería del lado de la oficina, me he liado a comprar los bollos que más me gustan (que por supuesto tienen miles de calorías) y nos hemos puesto morados, con mucha alegría, mi compis y yo en el curro.
Hoy ha sido un día estupendo porque me han dado miles de besos. Me encanta que las personas que tanto quiero me den muchos besos. También me encanta que me llamen, me manden por whatsupp y por facebook muchísimas felicitaciones. Pero sobre todo me emociona la fiesta y la celebración, dándolo todo.
Hemos ido a cenar a un sitio de esos de cocina de nueva generación, donde te ponen un plato muy grande con reconstrucción de huevo con croqueta de pisto, bañado por sopa fría de tomate con gotitas transparente de quien sabe qué, acompañado de un crujiente de jamón.

Ummmm, vaya pero si está bueno, pero luego tendremos que ir al burger con esta mierdecilla de ración. Pues no, porque tras siete platitos de reconstrucciones, espumas, vaporizados, turrones, crujientes, sopas rarísimas, culminado por un postre de helado de remolacha, es que iba a reventar. Creo que tenía toda la sangre en el estómago para deshacer lo elaborado de esta cocina. Además no sé si la cerveza también iría reconstruida o qué, pero a Martín y a mí se me había subido un montón. Así que nos fuimos andando haciendo eses para que se nos bajara la comida hacía la más nueva y más de moda terraza de Madrid, según no se qué periódico, ubicada en la azotea de un hotel de la plaza de Santa Ana.

Llegamos sudados, porque esta noche no corría ni una gota de viento en Madrid. ¡Que poco glamour! Tras pagar cuarenta pavos entre los dos, llegamos a la súper terraza, adornada con pameras en plan chill-out. Uff, qué de pijos malcriados hay por aquí. Allí estaban todos esos niñatos forrados sentados en los reservados acompañados de niñas increíblemente guapísimas tomando champán que les llegaba e cubiteras con bengalas. Ummmm, necesito la copa que viene con la entrada para no atragantarme con tanta gente guapa. Todas las barras estaban repletas y los camareros perdían el tiempo con sus cubiteras haciendo exhibiciones a lo Tom Cruise. Por favor, dejaros de tonterías y servirme mi mojitooo, que por cierto estaba mucho más malo que el que nos prepara al lado de casa nuestro camarero preferido porque siempre nos invita al tercero.

Estábamos ahí fuera de lugar en un rinconcito, sintiéndonos incómodos por la fauna tan esplendorosa que nos rodeaba; chicos súper arreglados, con sus pantaloncitos rosas, y sus camisas arremangadas impecablemente planchadas, con cejas depiladas, pelo perfectamente engominado a la moda y mil veces más maquillados que yo. Rubias perfectas con vestidos de infarto y tacones de vértigo, morenas ajustadísimas en vestidos imposiblemente cortos, cuando uno de los sofás cerca de la pista se vacío.
-¡Corre vamos!
- ¿Pero podremos sentarnos? ¿No nos dirán nada?
-¡Pues claro para eso hemos pagado la entrada!

Y nos plantamos en medio de todos esos especímenes perfectos. Pero sorprendentemente resultaron muy simpáticos o quizás estaban bastante borrachos. Unos eran italianos, otros ingleses, llegaron unos rusos y otros franceses. Alá, qué internacionales somos. Esto parece la torre de Babel. Todos querían hablar con nosotros, la fauna autóctona. Nos hacíamos gestos y muecas en un diálogo de locos mezclado con carcajadas descontroladas.
Entonces la música comenzó a invitar de verdad al baile. Y entre las cervezas, la sangría de la cena y el mojito se me habían ido todos los prejuicios, con mis lorcitas me sentía completamente igual a esas despampanantes nenas moviéndome al compás de la música. La música fue más cañera y comenzamos a darlo todo en la pista de baile. Brazos para arriba, saltos varios, bailamos en corro, unos cambiaban de parejas, otros trepaban por las barras de las sombrillas, nos echábamos fotos, celebrábamos con desbordada alegría las ráfagas de viento refrescante que llegaban a la terraza y nos secaba el sudor, todos enloquecidos por las canciones de Riana, Enrique Iglesias y David Gueta. Así estuvimos toda la noche, sin parar, sin sentir el paso de las horas hasta que nos apagaron las luces… ¡Ohhhhhhhh! ¿Ya es por la mañana? ¡Ha sido una noche increíble! ¡El mejor regalo del mundo! Un buen comienzo para mis cuarenta años, pero ya verás que agujetas mañana.

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