63.- De nuevo Lunes

De nuevo Lunes, de nuevo madrugo y me levanto de la cama, me arreo un café con leche, me visto, pinto el ojo, doy de comer al gato, preparo los bocatas del desayuno de los niños y me voy al coche, arrastrando los pies por la calle, porque mi cerebro sólo quiere volver a la cama, y continuar con los felices sueños.

No encuentra ánimo para enfrentarse a un día de trabajo después de un fin de semana tan bueno y relajado. A enfrentarme a un trabajo que ya no me entusiasma, ni me estimula, ni me divierte. Un trabajo que consiste en resolver marrones, superar problemas, aguantar las tonterías de los jefes, ver como echan a gente, y los que quedamos hacemos malamente lo que podemos. Un trabajo que desde hace unos meses sencillamente odio.

Cómo me cuesta los lunes, cómo me cuesta mover las piernas, cómo me cuesta ir a la oficina, cómo me cuesta concentrarme, cómo me cuesta dedicar mi tiempo a frivolidades, y al salir de la oficina; cómo me cuesta hacer la compra, cómo me cuesta hacer las cenas, coladas, plancha, preparara los baños, perseguir los deberes de los niños... Basicamente: ¡Cómo me cuesta me cuesta vivir! Yo solo querría quedarme en la cama esta mañana, sin nada que hacer, sin ninguna obligación, ni preocupación; dejar mi mente en blanco. ¡Cómo me cuesta vivir!

Porque esta vida es un sin fin de resolver problemas, superar obstáculos y asimilar reverses, decepciones, enterrar sueños, y tragarse la amarga realidad que nunca es como se esperaba. Es un eterno sobreponerse, y un desgaste continuo para encontrar la luz, vislumbrar el camino y centrarse en los positivo, intentando echar lejos las sombras que nos rodean.

Piensa, piensa, piensa en algo bueno y admirable... Mis pensamientos vuelan hacia mi amigo Pedro, y siento vergüenza de mi misma, por mi estúpida desolación del Lunes. Él sí que es un gran luchador, él sí que tiene el coraje de reponerse a pesar de los varapalos de su enfermedad. Él sí que consigue mover las piernas aunque su organismo no se lo permita. Él sí que aprecia la vida y lucha por ella. Siento que crece desde lo más profundo de mi una enorme admiración por mi amigo recordando, como el día que vino a cenar a casa, bromeaba con las dificultades diarias.

-Pues fui a hacerme una resonancia y me dijeron que se me había activado de nuevo la esclerosis múltiple.
-¡Ostras! ¿Eso lo ven así?
-Sí, deben ver algún indicativo de que tengo un brote que afecta mi sistema nervioso. Para intentar pararlo me pusieron tres bolos de cortisona tres días consecutivos.
-¿cortisona? ¡Eso te pone como una moto! Recuerdo una de las veces que te chutaron cortisona que hicimos rafting en el Nogera Pallaresa.
-Jajaja, ¿Te acuerdas que también me tiré desde un acantilado de unos 7 metros al río?. ¡Casi me mato! Iba con tanto subidón, que trepaba por la montaña como si nada, hasta que me resbalé y me agarré por los pelos a un arbusto.
-¡Madre mía! Jajaja. Ya me acuerdo. Luego te empeñaste en bajar por los rápidos sólo con el salvavidas. ¡Te sentías indestructible!
-Pues sí y esta vez cuando me han puesto los bolos me coincidió con la mudanza así que imaginaros parecía que estaba de mudanza superman, porque me sentía lleno de vigor y energía, embalé las cosas, y hice las cajas y las cargué como si tuviera súper poderes. No me podía estar quieto. Me sentía tan eufórico que decidí que era capaz de llevar yo solo el armario al ascensor. Pero no pude. Ahí me arreo buena.
-Bueno Pedro -Me explica Violeta que tiene la misma enfermedad - En realidad posiblemente era por el brote. Imaginaros, sin nuestras propias defensas que se confunden y atacan la mielina porque piensan que es un intruso malo. A Pedro le hicieron una transfusión de defensas. Le ingresaron y ha estado bien durante un tiempo.
-Mientras estaba ingresado conocí a otros que se estaban dando el tratamiento. Había uno que había conseguido terminar un iroman con esclerosis. Por lo visto empezó sin poder correr ni 200 metros , pero se puso a entrenar como un loco, y centró su energías en esa meta, lo que le sirvió de motivación para aceptar la enfermedad y superarse.
-Claro, que esta enfermedad es la de las mil caras. Cada uno la sufre de un modo. Y quizás él aún no tenga lesiones muy graves que le impidan correr. pero lo que está claro es que el estado de ánimo afecta a cada uno de un modo. Aunque nunca sabemos que es lo que dispara un brote, si es un sobreesfuerzo, un estado anímico o simplemente que toca.
-Entonces, ¿Lo de las defensas te ha sentado bien?
-Sí, hasta que las mías han vuelto a su quehaceres de destruirme . Ahora me han cambiado el tratamiento otra vez. Pero me han dicho que tarda un mes en hacerme efecto. Me cuesta ser paciente y esperar un mes para notar mejoría. Sin embargo a Violeta le han dado una nueva pastilla, y ha tenido la suerte de que le sienta muy bien, nada más tomarla se sentía otra, le costaba menos hacer las cosas.
- Nos pasamos la vida probando cosas nuevas, porque se continua investigando y cada día se avanza. Pero para nosotros el tiempo es crucial.
-Escuché que ya estaban clonando la mielina. ¡Los descubrimientos que cuentan en las noticias parecen ciencia ficción! ¡ Ojalá no recorten más en investigación!
-Sí, mientras hay investigación hay esperanza. Y mientras tanto nosotros trataremos de disfrutar de lo que tenemos como podemos. Nuestras motitos nos permiten movernos sin dificultad. Y con ellas nos estamos recorriendo un montón de ciudades de España. Si nos vieras a todos los del viaje guiado motorizados. Somos como los moteros esos americanos, pero en lugar de con las Harley Davidson con las Scooters.

Me impresiona el ánimo de Violeta, y me alegro muchísimo de que estén juntos, porque ellos se comprenden perfectamente, se apoyan, están compenetrados, y luchan juntos contra la enfermedad, intentando, como en una de mis pelis preferidas, quedarse con el lado bueno de las cosas. Sorprendentemente su modo de entender la vida da sentido a la mía, y ya me encuentro totalmente preparada para afrontar el Lunes.

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