56.- Ojalá tuviera el dinero

De nuevo después de 29 años he visto por la tele el autobús de la guardia civil destrozado en la plaza de la República Dominicana, y después de 25 años me ha dado un vuelco al corazón. Me ha pillado por sorpresa la brutalidad del recuerdo y de forma inesperada he revivido cómo me sentí cuando lo vi por primera vez a mis 11 años. Recuerdo como de niña me impactaron esos hierros retorcidos que salían en la tele de lo que quedaba del autobús, y el saber que allí había ido personas sentadas.

Sin buscarlo, ni quererlo, me ha invadido como me sentía cuando era una niña que vivía en una colonia militar y lloraba todas las noches al dormirme porque pensaba que me pondrían una bomba bajo mi cama y todo saltaría por los aires. Yo era una niña que no le tenía miedo a los monstruos porque le tenía miedo a ETA. A esa ETA encapuchada con una serpiente mortal y venenosa que hacía volar las casa cuarteles llenas de niños. En una fracción de segundo he vuelto a revivir mi desesperación cuando volvía del cole, veía los lazos negros en los balcones de las casas y corría como loca a casa pensando: ¿Será mi padre?

He recordado cuando cada vez que subía al coche y mi padre arrancaba el motor cerraba los ojos esperando que me explotaran las piernas. Toda esa congoja, todo ese temor infantil ha vuelto a mí. Toda esa angustia se me ha metido de golpe en el pecho ahogándome, ha vuelto desde la profundidad de mi mente esa sensación de terror que llenaba mi vida siendo chica. Hoy he revivido la tristeza profunda, la desesperación y el alivio cuando me enteraba que el padre de un compañero del cole había sido asesinado por ETA y el mío seguía vivo.

No sé el motivo pero este atentado de Santo Domingo lo recuerdo perfectamente. Se me quedaron grabados los cristales rotos de las casas, la gente herida gritando, las manchas de sangre y el autobús destrozado que veía en la tele. Años después leí que en el autobús iban chavalines que habían entrado en la escuela de la guardia civil y les llevaban a hacer sus prácticas. Llevaban sólo meses en la Benemérita. Hoy he querido recordarlos, he buscado en intenet y he visto sus fotos con sus caritas jóvenes en blanco y negro, sus ojos mirándome desde el pasado y he pensado en sus madres.

Han soltado a Inés del Río, cuentan porque las leyes estaban mal hechas, no se qué rollos de la legalidad y de ser iguales ante la ley y yo sólo pienso en esas madres, me resulta automático ponerme en su lugar y sentir cómo les quema las entrañas al saber que la asesina de su hijo, la que les segó la vida, la que les redujo a fotos en blanco y negro en una noticia en internet, podrá disfrutar tranquilamente de la suya como si ya hubiera cumplido con su penitencia y estuviera en paz.

Y tantos años después me vuelve un pensamiento que de joven ocultaba avergonzada porque me llamarían facha o extremista si lo compartía. En aquella época yo era hija de militar y las noticias lo decían claramente cuando se escribía "ha muerto 4 militares y dos inocentes", mi padre no era inocente, como los demás cuerpos del estado, policia, guardía civil, militar, era culpable porque el estado les pagaba para dar su vida por la patria y si ETA tenía que asesinar, pues ahi estaban ellos para ser el blanco natural por su profesión. Hoy, en cambio, creo que porque la sociedad ha cambiado, ha madurado y piensa de otro modo, o porque me importa un pito lo que piensen de mí, comparto con vosotros mi más ocuro deseao que aún albergo en mis tripas llenas de odio: Ojalá tuviese miles de millones para poder contratar a los mejores asesinos del mundo y que acabasen uno a uno con todos los etarras.

Me regodeo pensando como la mira telescópica del arma les apunta, siguiéndoles y les dispara con puntería en la frente, de pronto brota sangre de un orificio y el etarra cae muerto. Así uno por uno, poco a poco los voy matando, no soy la ejecutora pero soy la voluntad. Son asesinados como ellos han hecho tantas veces, y sienten el terror porque saben que tarde o temprano serán matados. Los exterminaría de la faz de la tierra sin piedad.

Ojalá tuviera el dinero. Y si al final me pillaran, no habría problemas porque tendría buenos abogados para recurrir al tribunal europeo de los derechos humanos de Estrasburgo.

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