55.-Fiesta Ochentera

¡Qué ilusión! ¡Estoy súper emocionada! Por fin, tras muchísimo tiempo alguien nos invita a una fiesta que mola. Una súper fiesta de los años ochenta. ¡En un ático! Rock y alcohol viendo las estrellas… Bueno, bueno, en realidad rock... en los ochenta había mucho pop, y muchos que cantaban en falsete. Una fiesta con gente más joven que nosotros, más moderna, más guapa, más enrollada, más de todo…

Vamos, como debimos ser nosotros hace muuucho, muuuucho tiempo, cuando nos relacionábamos, salíamos todas las semanas, teníamos amigos que no eran padres de otros niños y hablábamos de cosas distintas a los deberes del cole. Antes de que llegaran los cumpleaños infantiles, los parques de bolas, las horas muertas en los columpios y esperando a que terminen las puñeteras extraescolares. Antes… En aquellos tiempos en los que aún no era la "madre de", cuando era sólo Susana…

Para esta fiesta mis cuñados que molan un montón se han acordado de nosotros. ¡Es la caña! Y nos han invitado a su cumple ochentero. Van amigos íntimos, un primo, su novio y nosotros. ¡Qué guay! ¡Qué guay! Me encantan mis cuñados, tienen sus cosillas, no voy a hacerles la pelota porque nos hayan invitado, o sí, pero me encanta como son, sobre todo me encanta que, como lo diría, vivan su vida tan honestamente. Pasando de las gilipolleces que nos importa a los demás y no dejándose llevar por las tonterías que imponen los demás y la sociedad. Ellos hacen las cosas como las sienten y punto. ¡Hurra por ellos!

He buscado por internet para ver cómo iban los de los ochenta: ¡Por Dios! ¡Qué horteras! Hombreras, calentadores, mallas brillantes, volantes, puntillas, lazos, pelos cardados… Ufff, voy corriendo a mi armario y reviso mi ropa. Nuca me había fijado que es muy del siglo 21. De mala calidad pero al último corte de moda. Ya me gustaría que fueran buenas y poder comprarmelo todo en Serrano, pero me conformo en comprarmela en mi querida Fuencarral, porque para qué gastarme el dinero en marcas, si al año siguiente se ha pasado de moda y ya no me va a gustar…

Bueno, voy a tener que acercarme al chino a ver si hay algo que me pueda valer. Tras una hora echándome laca para convertir mi corte asimétrico del siglo 21 en un cardado de los ochenta me doy por vencida. Soy una tía de mi tiempo, me he esforzado mucho para lograrlo y este pelo con alisado japonés no hay quien lo carde. Tiro la toalla, los cardados no son lo mío. He localizado unas mallas y una especie de vestido fusia que no se si parece de los ochenta, pero pega con unas manoletinas cutres de plástico que tenía guardadas de otro disfraz. Esto, más un collar de muchas perlas falsas, muchas pulseras horrorosas que no se para que guardo, unas gafas gigantes de plástico, sombrero brillante y boa que pierde sus plumas también fúsias y … ¡lista! No sé si esto parece de los ochenta, pero disfrazada voy, aunque no sepa de qué.

Mi marido ha decidido ir de joven normal de los ochenta, con unos vaqueros, una camisa y unas Adidas viejas de aquella época que aún conserva por nostalia. Hemos buscado una peluca a lo afro en el chino, pero solo la hemos encontrado azul. Así que es un chico normal de los años ochenta azulado.

Llegamos a la fiesta y… ¡Pero bueno! ¿Estos son disfraces de los ochenta? Creo que estos han debido tener un problema similar al mío. Parece que el novio del primo va de Heavy, pero vaya birria de Heavy, en mi época los Heavys llevaban unos pantalones ajustados llenos de mierda, unas camisetas negras asquerosas y unos pelos largos con kilos de grasa. Y este va hecho un pincel, y por muy heavy que quiera ser, se le ve de lo más… ¡metrosexual! Es que uno no puede ocultar lo que es. ¡Anda que el otro! ¡El primo! ¿Pero de que va? ¡De pijo dice! Pero, ¿pijo de qué tiempo? De los pijos de los hombres G. Ni de coña. Con esa barbita de dos días perfectamente conseguida, ese corte de moda y las patillas perfiladas al milimetro. Ummm, estoy segura que este se ha echado una cremita más cara que la mía. No se parece nada a los niños pijos que yo conocí.

¿Y la amiga? ¿De qué va? De granjera… Esto sí que no lo entiendo… ¿Y el marido? De enganchado a la tele. No estoy segura de que existieran en los ochenta los de ese tipo.

¿Y mi cuñada? ¡Dice que de Madona! Vaya madona la pobre con el brazo en cabestrillo. La verdad es que es de los más animada, porque la han operado hace nada y ahí está montando una fiesta en su casa. Madona, Madona, no parece ni en pintura. Si, lleva unas mallas negras, y una camisa muy chula, pero vamos, para parecerse Madona de aquella época, le faltan algunas cruces, muchas puntillas, algo de pelos rizados, mucha pintura en la cara y algunas lorzas, que yo le presto de las mías encantadas, para que se las ponga y parezca más jamona como la Madona de los años 80. Esa que aún no tenía a musculatura marcada. Mi cuñado creo que directamente ha pasado… Porque va de baloncesto… ¿O es qué no lo pillo?

Bueno, pues… ¡Estoy nuevamente encantada! Porque voy como todos los demás, como me ha dado la gana. ¡Qué bien lo vamos a pasar! La verdad es que se está muy a gustito entre esta gente. Y la música, esa sí que es de los ochenta… Bueno, alguna se cuela de los noventa. Pero es buena, buena, buena. Además que recuerdos… Yo bailaba estas canciones con quince años cuando me colaba en la discoteca.

¡Qué tiempos! Nos vamos a la terraza ¡Qué maravilla! Hace una noche estupenda. Y se lo han currado de lo lindo. Una mesa llena de cosas buenísimas, que han guisado ellos mismos. Han logrado un ambiente súper agradable y han llenado todas las paredes de posters de los ochenta. Además han puesto unas mesas muy bonitas; una en el centro para apoyar las copas y otra japonesa de teca llena de chuches. Un sitio ideal con gente especial. No somos mucho, somos los justos.

Parece que todos estos ya se han tomado alguna copa, así que hay que ponerle pronto a tono. Pasaré directamente a los copazos saltándome los refrescos. El primo me ayuda a ponerme a la altura de alcohol en la sangre, y me pone los cubatas. ¡Venga! Vamos a la par… Uno tú, otro yo. ¡Ya! ¿Nos lo bebimos? ¡Pues otro!¡Y otro! ¡Otro!¡Otro! ¿Cuántos llevamos? Anda… ¿Ahora fumamos? Venga, yo no sé fumar, pero por una noche… Vaya… ¡Esto está rico! ¡Qué raro a mí no me gusta el tabaco! Caladita va y caladita viene. ¡Una para ti! ¡Otra para mí! No sé ni de lo que hablo, me gusta mucho lo que me dicen, creo que debe ser muy interesante, y también debe ser muy divertido, aunque ya ni me entero no dejo de reír como una loca… ni de bailar, ni de meter el pie en un desagüe que tienen mis cuñados en la terraza, ni de darle patadas a una cosa que hay por el medio, parece una mesa pero es que ni la veo… tengo la cabeza como en una nube… Veo a la gente borrosa, como entre niebla…

¡Qué bien! No soy la única que mete el pie donde no debe, parece que la amiga también… y los primos… y mi cuñado . Me parece que al final se lo ha cargado. ¿Dónde anda mi marido? Allí está con su rodilla chunga, a pero ahí está tan feliz… ¿Cuántos gin-tonics habrá bebido este? Que luego tenemos que irnos en coche para casa… ¡Pero qué más da! ¡Viva la fiesta ochentera! Mis cuñados se echan un baile de esos que solo ellos saben hacer. No sé cómo leñe uno puede menear el cuerpo así de bien. A ver… voy a probar, ¡Coño! ¡Un tirón! Bueno, mejor paso de bailecitos raros, lo mío es paso para un lado paso para otro. Y nos volvemos todos locos dando saltos con el “I will survive”, cada uno sintiendo con emoción desmedida quizas por los efluvios del alchl poque es un "survive" total.
¡Y llegan las fotos! Que no falten las fotos para subirlas al Facebook, quiero que todo el mundo vea que aún me invitan a fiestas guapas. Venga, fotos, con peluca, con sombrero, con boa, con gafas, sin gafas, sin peluca, sin gafas, todos juntos, separados, ahora unos, ahora otros…¡Nos encantan las fotos!

Jolin, todo me da vueltas… Parece que no soy la única… Parece que hay alguien mal… Alguien ha caído… demasiado beber, demasiado fumar…Parece que tiene un amarillo… ¿Qué coño será un amarillo? Vaya, parece que todos han tenido un amarillo… Pues yo he tenido relaciones amorosas con roca, pero con un amarillo nunca… Parece que se han encerrado en el baño…¡Ay cuñada! No abras la ventana del baño, no vaya ser que veamos algo que no queremos… Pues la abre… ¡Aggg! Ah, no, menos mal, solo vomitera… Lo normal… Lo bueno es que esta noche no soy yo la de la vomitera… ¡Prinperan! ¡Prinperan! Hay que darle prinperan. Que tienen el del gato. Bueno, pues si al gato le va bien al primo también.


El pobre primo se ha puesto malito. Pensé que íbamos al mismo ritmo… ¡Alá! Chicha rabia puedo beber y fumar más que él. Vaya si soy una mami enrollada. Dejamos al primo con su mundo dándole vueltas y la palangana en el sofá, y los demás nos hacemos piña en los sillones de la terraza. Es hora de confidencias… ahora viene lo de los secretos y poner verde al que falte…

-Pero, ¿Quién ha roto mi mesa japonesa?
Ostras, ¿eso era lo que yo andaba dando patadas? Es que andaba por el medio. Laralaralirto… pio, pio que yo no he sido…
-Creo que Susana. Joder… ¡Chivato! ¡Chivato!
-Ehhh, ¿siii? No me he dado cuenta…
-Pues le faltan todas las tablitas
-Jooo, de verdad que ni me he enterado. No te preocupes te la encolo. Yo siempre he sido muy manitas. Mis padres me decían “manitas de plata”. ¿O eso era lo contrario?
-Me habéis roto mi mesa japonesa.
-Vamos tía , no te repitas que es muy cansino para mi cabeza, y te juro que me va a estallar…

Vaya plan. Me he cargado la mesa. Menos mal que la amiga ha confesado que también le dio patadas. La culpa repartida se lleva mejor. Encima no puedo irme a la francesa, porque mi marido está borracho tumbado en e sofá de la terraza y tapado con una mantita amorosa. Y es él el que tiene que conducir. Yo tampoco estoy en condiciones de coger el coche, ni nadie según parece. De aquí nadie se mueve. Los pobres anfitriones como ven que no pueden echar a sus malogrados invitados nos reparten más mantitas y nos medio dormimos en la noche madrileña deseando que no termine la fiesta ochentera.

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