51.- Me siento como una Diva

Hoy me siento una diva. Me he comprado unos zapatos completamente espectaculares que me vuelven loca. Son maravillosos; De ante negro, con tiras cruzadas, agarrados al tobillo y lo más importante, con una plataforma de vértigo. Cuando me los he puesto me he sentido una verdadera diva de Hollywood de los años ochenta. ¡Me siento como Diana Ross! Estos zapaos son mágicos, con ellos puestos me veo una mujer atractiva, vital, alegre, segura y sobre todo como diría mi abuela, con mucho estilo. Y que no se me olvide con estos zapatos soy una señora altísima… Los saco de la caja con adoración y me pongo un vestido largo de palabra de honor. Me pinto la raya, me plancho el pelo y me miro al espejo encantada. Suena en la radio Grenade de Bruno Mars. Es mi momento. Soy una diva, siento la música... Soy una diva, doy una vuelta..., soy una diva, doy otra vuelta... ¡Soy una diva! ¡vuelta!¡vuelta!¡vuelta! ¡Aggg! ¡Fin de la fantasía! ¡Se me torció el jodido tobillo!. ¡Qué triste estoy! A las divas cuando van por la alfombra nunca se les tuercen los pies…

El problema de los zapatos maravillosos es que no se llevarlos, simplemente soy incapaz de andar con ellos. Son tan bonitos, pero no son para mí. Al caminar con tacones parece que piso huevos, voy balanceándome peligrosamente, y siempre sin remedio terminan torciéndoseme los pies. Así que solo me los puedo poner en aquellas ocasiones en las que esté completamente segura de que no voy a andar. Qué no son muchas. Se me ocurre por ejemplo… No sé, como ir del coche al cine, y del cine al coche. Pero eso sí, el coche aparcado en la mismísima puerta.

Desde pequeña he tenido problemas con los píes, primero me dijeron que tenía los pies planos y luego tras llevar muchos años plantillas, que los tenía cóncavos. ¿Ehh? Después unos médicos me decían que tenía que ponerme grapas en las rodillas, otros que tenían que partirme la planta del pie y volverla a ensamblar… Madre mía que dentera…, Lo dejé pasar, podía apañarme llevando plantillas y zapatones. Lo bueno, es que por los 90 que se pusieron de moda, por eso de levar la contraria a nuestras madres y todas mis amigas llevaban también zapatones. Así que yo encantada.

Finalmente hace unos años una amiga me recomendó una fisio buenísima. En aquella época fue rompedora porque entendía el cuerpo de otro modo, un todo conectado, músculos, tendones, huesos formando una autopista de energía. A mí me encantaba que me contase todas estas cosas tan profundas, sobre todo mientras me daba un masaje de arriba a abajo. No sé si por sus teorías o por el buen hacer de sus manos, pasados un par de años consiguió arreglarme el desastre de mis pies. Ni grapas, ni operaciones drásticas, ni milagros, solo buen trabajo continuo. Trabajando la musculatura del pie logró bajarme el puente, que mi pie se ensanchará y pisase bien. ¡Por fin podía ponerme zapatos más bonitos! El problema es que tras una vida sin entrenar con tacones no tengía ni idea ni paciencia para aprender a llevarlos. ¡Pero como duelen los dichosos tacones! ¡Qué angustia el pie estrellándose contra la punta del zapato! ¡Qué difícil andar sólo con los dedos! Si, si… mis pantorrillas serán más esbeltas, pero que calambres me dan en los gemelos. Esto de ser bella y esbelta es un infierno. Me pregunto, ¿Qué torturador habrá inventado los jodidos tacones?

Pero si yo con zapato plano ya me tuerzo los tobillos. ¡Como para ir sobre zancos! ¡Me mato! Una vez iba corriendo al trabajo cargada, como siempre, con mi bolso, el portátil, la tartera, el paraguas y de pronto un tobillo cedió hacia el oriente y al momento el otro se solidarizó con el primero y decidió torcerse también hacia el poniente. Así que ahí estaba yo, con ambos tobillos cada uno para un lado intentando mantener el equilibrio bajo la lluvia. Un señor muy caballeroso que me vio salió corriendo con cara de susto a socorrerme. Lo que no sabía este señor es que soy hiperlaxa, o algo así. ¿A qué suena guay? Pues lo es, o eso dice mi marido por las coches... Lo de hiperlaxa significa que mis articulaciones se doblan hasta el infinito, y como un material flexible después de doblarse vuelve a su posición inicial. Eso hicieron mis tobillos aquel día y con un saltito que yo consideré encantador, los volví a desdoblar. El pobre señor se quedó pasmado, mientras yo le dedicaba mi mejor sonrisa dentrifica, porque siempre hay que ser amable, incluso en estos momentos tan delicados. El pobre hombre no daba crédito y no sabía qué hacer conmigo, si agarrarme de todos modos o hacerse el despistado y pasar de largo. Yo le aclare "Es que señor, soy hiperlaxa"

Es una pena, pero mi gran facultad de hiperlaxa se va perdiendo con los años. Con el paso del tiempo mis articulaciones se han endurecido y ya no flexionan como antes. Últimamente cuando me tuerzo los tobillos me hago daño y me duele un par de días o incluso semanas. ¡Ay, los malditos años se notan!

Como en esta ocasión, de vez en cuando hago como que me olvido de mi ineptitud con los tacones y me compro unos zapatos de esos maravillosos. El verano pasado dando un paseo en la playa me enamoré de unas botas vaqueras fabulosas; picudas, de buna piel castaña, con tachuelas y un tacón de escándalo. Ahí estaban magnificas esperándome en el escaparate. ¡Llevaban mi nombre! Así que aunque tuve que cargar con la caja la hora de vuelta.¡no tuve más remedio que comprármelas!. Hice el esfuerzo encantada. Pero fue una lástima el dolor de pies que me causaron el día que las estrené y sobre todo que ya no me las haya puesto nunca más. Pero aún de vez en cuando las admiro en mi zapatero. ¡Me encantan!

Este verano nuevamente no he podido resistirme a sentirme una Diva con unos nuevos zapatos. Soy como Diana Ross, aunque solo sea bailando por mi casa al son de Bruno Mars.

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