49.- noche de calor


Abro la ventana en par en par, subo la persiana al máximo, echo la cortina a un lado, pero ni así  corre  una gota de aire. Consulto mi móvil:  00:23, 36ºC, 0%humedad, viento 0Km/h, parcialmente nublado. Pues yo no veo ninguna nube en esta noche sofocante. Solo siento un calor sofocante que me quema la garganta al respirar, siento el quemazón seco e intenso en mi piel de la noche madrileña de Agosto. Con tanto calor, no logro dormir, he dado mil vueltas en la cama y me arde el cuerpo. Me vienen las preocupaciones a la mente y se me hacen un mundo. Por la noche siempre los problemas son más grandes, más horribles e insalvables. Luego llega el día y con la luz del sol descubres que no era para tanto aquello que no te ha dejado pegar ojo. De noche, con el corazón cansado, la incertidumbre en el trabajo se hace insufrible. Decido apartarlo de mis pensamientos, mañana será otro día...

 Yo siempre me duermo a los cinco minutos de meterme en la cama y de un tirón. Soy la envidia de todos por mi capacidad de quedarme frita antes de que mi cabeza toque la almohada. Lo malo es que si no duermo siete horas no soy persona, y preferiría no gastar tantas horas de mi día soñando. Yo envidio a los que con tres o cuatro pueden seguir viviendo.  Hoy que no me puedo dormir, ando por la casa como alma en pena. No se cómo comportarme, me pongo nerviosa y con tanto calor me agobio ¿Qué podría hacer? Podría ponerme a planchar, sería una locura con este  calor. Podría volverme a duchar, para qué, a los cinco minutos vuelve a arderme la piel. Podría ver una peli de esas de chicas en las que no paro de llorar, mejor no porque tengo los ojos cansados. Podría hacer gazpacho, pero qué pereza. Podría hacer el amor con mi  marido... Ufff... Me ha dado un dolor de cabeza repentino.. Así que me pongo a cotillear por las ventanas las vidas de mis vecinos.

Me encantan los edificios llenos de ventanas con luz. Esta noche mis vecinos tampoco pueden dormir, y mi urbanización tiene muchas ventanitas iluminadas. Esto parece un pueblo de esos navideños. Muchos de ellos tienen las cortinas abiertas y me invitan inpúdicamene a ver su parte privada, así que yo tan contenta me cuelo y fantaseo con sus vidas; Veo a la pareja recién casada que se dan besos en todas las habitaciones; que bueno el amor tan nuevo, tan joven, tan fresco, pienso. Veo a los papas novatos que intentan dormir a su bebe meciéndolo por toda la casa; A estos pobres aún les queda mucho trabajo por delante y bastantes cosas por aprender en mil noches como esta. También están los abueletes que ven la tele en sus sillones preferidos; Quisiera dentro de muchos años verme como ellos, viejecita y con mi compañero sentado a mi lado. Están esos que son como nsotros, una familia madura con muchos años en las espaldas, cada uno va por su lado; Él ve la tele en una habitación, ella en el dormitorio, un niño juega con la wii en una habitación, y el otro está pillado con el móvil. Cada un en un sitio distinto. Seguro que la madre para llamarles a cenar les manda un correo...  En ese otro piso está la familia numerosa, a pesar de ser tarde andan con lio, peleas, gritos y alborotos en cada habitación, no envidio nada a esa pobre madre. También están los del bajo que han montado una fiesta en su terraza, que pena no conocerlos, porque de mil amores me tomaba con ellos una copa.


No hay nada como tomarse una copa con los vecinos de la urba. Unos nos bajamos las botellas escondidas en las mochilas, otros los hielos en los cubos de la arena, aquel los basos de plastico en el neceser del bebe y en pis-pas nos montamos el botellón de los papis.  Solo hace falta que alguien diga, porqué no unas copitas? Y todos corremos a nuestras casas a rebuscar en el bar. Así que mientras los niños juegan al rescate nocturno de rigor, los padres aliviamos la dura rutina, la falta de horas de sueño y el cansancio del calor, entre hielos y copas.  Estás reuniones salen de lo más económico, gasto cero porque nos acabamos lo culillos de todas las botellas olvidadas de los bares de nuestros hogares. No le hacemos un feo a ninguna, que se acaba el ballantines, pues le damos al DYC.  Allí ce el orujo de la abula, y el brandy de la cesta de navidad. Todo sabe bueno aderezado con historias y anecdotas bien contadas y sobre todo muchas risas.




Ayyy, ya me encuentro mejor, se me fue el nubarrón que tenía en la cabeza, que gusto, corre una leve brisita que roza y alivia mi piel. Ummm, ya me entró el sueño, creo que me voy a dorm...


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