48.- Casamos al niño


Bueno, parece que ya hemos casado al niño…

¡Quién lo iba a decir!  El chiquitín de la familia ya casado, claro que el chiquitín ya tiene treinta y tantos, pero para nosotros continúa siendo el pequeñín de la familia. El soltero de oro, el crack de las pistas de baile, con ese movimiento de cuerpo inimitable que atrae todas las atenciones, sobre todo el de las féminas. El más amigo de sus amigos, el más simpático de todos, el alma de las fiestas. Mi cuñado ha sido cazado, el partido perfecto por simpático, trabajador y buena persona, pero sobre todo por tener un corazón enorme.

Cuando conocí a la actual señora de Gutiérrez, como buena cuñada que soy y atendiendo a mi instinto de protección del benjamín de la familia, la analice desde la distancia de arriba abajo. “Ummmmmm…. , a ver cómo es esta que quiere cazar al niño”, me dije concentrando mi atención exclusivamente en ella.  Y también por mi condición de mujer, desde las sombras me pase la noche anotando mentalmente las cualidades y defectos de la candidata al corazón de Jorge.

Así andaba yo enfrascada en mí análisis, cuando les vi bailar juntos, dándolo todo, improvisando una coreografía de locura, compenetrados y entendiéndose en las miradas y los movimientos a la perfección. Fue entonces cuando me di cuenta de que estos dos son tal para cual y que Jorge había encontrado a su media naranja. Había encontrado a la chica que le seguía el ritmo, que compartía su vitalidad, a la compañera perfecta. Vaya, parece que aquí no hay nada más que pensar.  ¡Al chaval le han pescado!

De este modo entró Helen, un huracán, pura energía, movimiento en acción, la reina de todas las miradas, en nuestras vidas y comenzamos poco a poco a conocerla.  Sin darnos cuenta fuimos apreciando a esta chica que habla a toda caña, que se apasiona con los nuevos retos,  en conseguir el éxito en sus proyectos y que emana ganas de comerse la vida.

Alguien me dijo, se casan y quieren una boda sencilla, una firmita en el juzgado y una cena íntima con amigos. Hoy, tirada en el sofá, con el cuerpo destrozado, los músculos agarrotados, los pies llenos de ampollas, el estómago revuelto y la cabeza fatal, pienso “¡Qué coño de boda íntima! ¡Esto ha sido una boda gitana en toda regla!”.
Y es que comenzamos la boda en el juzgado de Pozuelo, un trámite cortito ante la jueza de rigor.  Allí estábamos la familia acompañando a los novios; Los padres, los hermanos, los sobrinos, los testigos, un mogollón ruidoso recorriendo los pasillos del juzgado.  Todos guapos, pero informales.  Una bonita mañana radiante del caloruso del mes de Julio.
Llegó la novia con su padre. La novia, sofisticada con un conjunto de pantalón y camiseta de gris plateado. Pelo alborotado y cara lavada, tal y como es ella misma.  Sin pompa y postín.  Joeee, y yo de blanco, no he caído en la primera regla de cualquier boda, no ir de blanco… a ver si se van a confundir y me casan a mí otra vez.
Luego llegó el novio con sus padres, vestido de vaqueros y camisa blanca de hilo. Barbita de un día, tan guapetón y contento como siempre.   La verdad es que así da gusto casarse, eliminando todas las tonterías que nos inventamos en las bodas, nos complican la vida y nos salen tan caras.

Por favor, seamos discretos, que aquí están trabajando con casos importantes. Claro, claro, si nosotros no hacemos ruido… ¡Niñoooo¡,¡no griteeees!  ¡Tengo sed! ¡Correr!, ¡correr! ¡Qué aquí hay aire fresquito! ¿Pero cuándo se casaaannn? ¿Habrá por aquí algún tipo famoso?¿Cuándo empiezan? Calla, calla, que nos regaña el de seguridad.  Mira, mira, esos de allí se casan por conveniencia, como en la peli, ella debe ser rusa... Calla, calla, que nos oyen…

Llega la jueza y pasamos. Los novios nerviosos responden a las preguntas, los invitados no les quitamos ojo, se ponen los anillos, el de Jorge se resiste y Elena saca su musculatura para meterlo a presión en el dedo; ¡Esto entra por narices!. Por fin se dan el esperado beso. Aplaudimos todos. Ha sido una boda sencilla, sobria y rápida.  De pronto el padre de la novia,  Juan, como buen testigo que es, testifica que los apellidos de la novia está mal. Es compuesto y se han confundido. Incertidumbre entre los asistentes:
- ¿Entonces hay que repetir la boda? ¿O es que han casado a Jorge con otra?
- Si, si, que la repitan.
- Venga nos vamos. Vamos a dejar que arreglen las cosas mientras nos preparamos el arroz. -Llevo toda la mañana cargando con una bolsa sospechosa que he llenado con un kilo de arroz. Se van a enterar los novios, porque aunque sea una boda sin complicaciones, de tragar arroz no se van a librar...
-Oye, apuntar el arroz hacía la calle. A ver si vamos a acabar emperifollados en el calabozo de los juzgados.
-Seriamos unos presos muy glamurosos.
-Eso, eso, el glamur nunca hay que perderlo.
-Cuidado con tirar el arroz hacia ese coche… A ver si va a ser el de la jueza y nos pone una multa.
-No, multas no, mejor lo del calabozo… Así vivimos una nueva experiencia vital.
-Venga niños, vamos a practicar con el arroz.
-Oye, tú, que se me acaba… ¡Que no lo tires al suelo! ¡Que hay que tirarlo en la cabeza!
-Joooeeee, no salen y ya se he ha hecho un arroz a la cubana en la mano.
-Ehh, prohibido cogerlo del suelo. Pero no te lo comas, que está crudo…
-¡Tiene puntos quien lo cuele por los pantalones!
-¡Qué vienneeeeennn! - Grita la espía que hemos posicionado en la puerta.
-¡Vivan los novios! ¡Vivan los novios! – Y una lluvia de arroz cae sobre ellos.
-¡Que se besen! ¡Que se besen!

Esta es la primera boda que empieza desayunando en el VIPS. Son las once y todos tenemos hambre tras la emoción. Así que nos zampamos encantamos nuestras  tostadas de tomate y jamón.  El padre de la novia, Juan, al que algunos acabamos de conocer se queda con la familia Gutiérrez, y los novios nos dejan ahí jalando, mientras se van al aeropuesto a por el hermano que llega de Oxford.

Mi suegro y yo nos sentamos junto al padre. Nuestra misión es romper el hielo y que Juan se sienta a gusto. Yo sabiendo que le gusta la informática me he preparado una colección de temas, pero estoy inquieta, me ha dicho Elena que sabe mucho y tengo miedo de hacer el ridículo.  ¡Esto parece una boda a ciegas! Pero no hace falta ningún esfuerzo, nos sentimos relajados y en familia, la conversación fluye con naturalidad, y todos pasamos un buen rato.  Ufff, qué alivio, el padre de Elena es un señor muy amable y educado. Da gusto hablar con él.

Terminado el desayuno nos vamos a por nuestra sorpresa para los novios.
-Oye, ¿Tú crees que será un buen regalo?
-Que siiii.
-Les gustará, ¿no?
-Que siiii.
-Les gustará de color negro?
-Que siiii
-¿No será muy grande?
-Que noooo
-Es un buen regalo, ¿No te parece?
-Que siiii
-¿No te parece que es ideal para su terraza y para ellos?
-Que siiii
-¿Estás seguro?
-Que siiii
-Digo yo que nos invitarán ahora más a menudo a la terraza...
 
Conocemos al hermano, parece majete, viene de Oxford, el pobre lleva casi dos años fuera de España. Pobrecín –pienso. Sin luz del sol, todo el día lloviendo, comiendo las guarrerías de los ingleses, lejos de la alegría española… ¡Que felices se les ve a los dos hermanos! ¡El padre también está muy contento!

Llegamos al restaurante en el Zielo de pozuelo. Un salón para nosotros solos que da a una terraza impresionante desde donde se ve todo Madrid. ¡Nos encanta! Es un sitio precioso y estamos todos felices y relajados. Me siento como de la Jet-Set, una invitada elegante y con estilo.   Nos volvemos locos echandonos fotos como los famosos. Los novios posan... ¡Pero tíos! ¿Es que no podeis dejar de poner caretos? Anda, anda...
La comida buenísima, los vinos riquísimos, las risas y la felicidad se mezclan con las bromas y las anécdotas. Pasan las horas y no nos enteramos. Nos sentimos como si todos nos conociéramos de toda la vida. Ha crecido la familia y hay que celebrarlo. El jamón delicioso vuela en las manos del que viene necesitado de buena comida de las Bretañas.
-¡Toma, niño, toma! Qué necesitas comer cosas buenas.
-Y los ingleses que no aprecian esto.
-¡Pues ellos se lo pierden!

Que sitio más maravilloso, que momento más feliz. Los testigos hacen migas, los hermanos están encantados, las cuñadas nos reímos sin parar. El vino, los orujos y los gintonics se nos han subido a la cabeza. No queremos separarnos,  así que nos autoinvitamos a la casa de los recién casados a invadir su terraza chill-out. Lo siento chicos, pero tendréis que estrenar el matrimonio en otro momento… Porque los pesados de los cuñados queremos seguir con la celebración disfrutando de  vuestra terraza.  Ya se sabe, cuando uno se casa, se casa con toda la familia...

-Oye, Podíamos probar un gin con una hojita de esa planta tan chula que tienes allí.
-Tío, somos los mejores testigos del mundo.- Se abrazan emocionados, con lágrimas en los ojos.
-Claro, lo hemos hecho  estupendamente. ¡Somos un bien equipo!
-Eres un crack, tú si qué eres un buen tío.
-No, tú si que eres un buen tipo. Pones unas copas estupendas.
-Eres mi mejor amigo de hoy...

Hemos llegado a la etapa donde el alcohol provoca grandes pasiones, amistades brumosas y algún que otro sentimentalismo a flor de piel que hace aflorar las lagrimas en los ojos.

-Venga, venga, tenéis que iros a casa a descansar. Mañana continúa la boda con los amigos.
-Bueno, vale..

 Segundo día. Estamos tocados del primero. Mucha comida, mucha bebida, pero no hay nada que no solucione un buen ibuprofeno, pienso mientras me subo en mis nuevos zapatos con plataforma.

Nos juntamos mis cuñados, y los primos para ir a esta segunda parte de la boda. Esta vez vienen algunos amigos y otros familiares.  Mi cuñado está encantado, es la primera boda a la que va en vaqueros, en metro, sin llevar el coche y sin niños. ¡Esto promete!

Llegamos al restaurante, es una terraza preciosa en la casa de campo, rodeada de un jardín verde, con cinco mesas de mantel blanco y sillas plateadas. Hace bochorno, noche de verano, pero en seguida nos refrescamos con las bebidas que sirven los camareros. Nos encontramos con más primos y amigos. ¡Qué bien! ¡Tenemos tantas cosas que contarnos!

-Me ha costado mucho vestirme para esta boda. No sabía que ponerme para ir informal.
-Vas muy guapo con tu polo azul.
-Tenía unos zapatos a conjunto pero me pareció demasiado.
-Me pregunto cómo irá la novia hoy.
-¡Ya llegan! ¡Ya llegan!
-¡Que sorpresa! La novia está guapísima … ¡y eso que va vestida de novia!
-¡Y lleva tacones!
-Bueno, dirás cuñas…

Estamos en la mesa de honor, la de los novios, solo que estos dos que son puro nervio, no paran, así que no les vemos el pelo. Están entusiasmados recorriendo las otras mesas, hablando con unos y otros y disfrutando su momento.

Nos dijo la novia que no quería que la liáramos en el restaurante. Así que se va a enterar, no podemos perder la tradición de hacer el hortera un buen rato, ¿Qué sería una boda sin estas cositas?:

-¡Vivan los novios ¡ ¡Viva!
-¡Que se besen!¡Que se besen!
-¡De tornillo!¡De tornillo!
-¡Con lengua! ¡Con lengua!
-¡Servilletas arriba!
-¡Achendere, dechendere… Tuti pa dentro!

Llega el momento emotivo, y Elena lee algo escueto de dos hojas por las dos caras. Se trata de la maratón de la vida que van a llevar juntos. Cuando va por la media maratón, yo ya estoy agotada de tanto esfuerzo y tanta capacidad de superación… Ufff, por Dios... ¡Estos del running son la caña!
En esta maratón del matrimonio el éxito es terminarlo juntos. Dosificar las fuerzas. Llegar al final del camino sobrellevando lo mejor que se pueda las dificultades que te encuentras, que no son pocas. De eso se trata. ¡Mucha suerte chicos! Pienso, porque esta maratón si es que es dura de verdad, dura años y  años, donde hay que tener tolerancia, comprensión y saber encajar muchas cosas.

Luego hablan amigos, y nos hacen ver el lado humano, cariñosos y anecdótico de Helen. Para mí es un consuelo escuchar que tiene también pierde algunas carreras. No es por nada, es solo por sentirme más cerca de ella.  ¡Alcanzar a Helen la máquina!
Le toca participar al novio que le entrega completamente su tierno corazón. Al mío le da un vuelco. Deseo con toda mi alma que sea muy feliz y que los dos formen algo grande y hermoso que les dure para siempre.

Pero vaya, de Jorge nadie cuenta nada. ¡Cómo somos! Tenemos que decir algo…
-¿Los hermanos?  Venga, decir algo.
- No, no tenemos nada preparado. Que verguenza.
- El padre, que hable el padre…
-No,  no. No me han avisado. Si da igual.
- No hombre… A ver voy a intentarlo yo misma, digo achispada y con la lengua trabada por el alcohol… Hay que decir a los que no lo saben lo bueno, guapo y majo que es el ahora señor marido.
- ¿Qué os parece si digo?  Hace 25 años cuando empecé a salir con Raúl había un niño que iba a la Salle morenín, con el pelo lleno de rizos, que  acompañaba al hermano mayor cuando se hacía el encontradizo conmigo…
-Tía, eso no interesa… Eso es tu vida…
-Jooee, a ver podría decir. Había un niño llamado Iván…
-¡Qué no!¡ Iván no! ¡Estás fatal!. No das pie con bola, Iván es tu hijo.
-¡Anda!, si es verdad. Ay, que lio, es el vino. A ver que empiezo… Bueno pues Iván, Carlos, no, Raúl.. Ay, pues ese, el novio creció…
-¡Qué no hombre! Creo que mejor no digas nada. Vas a hacer el ridículo.
-No te preocupes, que en cuanto Jorge se dé un baile, lo compensa todo.
-Pues es verdad. ¡Viva los novios!¡Viva!¡Viva!

Tras la cena, nos vamos con la fiesta al garito del amigo de los novios. Continuamos como locos, riéndonos, bailando, divirtiéndonos hasta el amanecer.  Nosotros, los viejunos, ya no podemos continuar el ritmo de esta pareja de deportistas entrenados, y nos rajamos cuanto planean seguir con la juerga en un after-hour. Yo creo, que dos días de boda han sido más que suficientes para mi cuerpo y solo sueño con tirarme en la cama y caer en estado inconsciente durante muchas horas.
 
¡Os quiero chicos!

 

 

 

 

 

 

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