Feliz día de la mujer trabajadora


Queridas amigas, os deseo  un Feliz día de la mujer trabajadora, y especialmente se lo deseo a las mamas currantas, que comparten conmigo los locos trajines, carreras, preocupaciones  y agobios de criar a los hijos, sacar el trabajo adelante, llevar la casa de esa manera, amar a tu pareja como te dejen e intentar disfrutar un poco de la vida: ¡Un montón de trabajo!

Hoy es un día de la mujer trabajadora distinto para mí, porque mi niña ha cumplido ocho años y eso significa que se me ha terminado la reducción de jornada. Este momento tan temido y que tanto agobio me ha creado, tantas noches en vela he tenido dando vueltas al tema y renegando de mi mala suerte por no ser rica y mujer florero, que me ha llevado a echar el Euromillón compulsivamente  y que a punto me decidió a embarazarme como plan desesperado para prolongar automáticamente  ocho años más la dichosa reducción. Ese momento ha llegado y parece mentira, pero una vez más nos hemos apañado y los niños se han adaptado.  Una vez me ha sorprendido  mi familia.

Esto de que los dos padres de una familia con niños trabajen, es muy, muy  difícil. ¡Menuda chorrada lo de la conciliación!. Cada vez que oigo esos discursos pomposos diciendo que van a fomentar la conciliación a políticos o empresarios se me escapan risotadas desesperadas. ¡Cabrones, mentirosos!  Solo dicen esas cosas para engañar a los pobrecitos que tenemos que lidiar con esta locura de vida trabajando y criando hijos. Solo lo dicen por los jodidos  votos y a mí no me engañan, realmente les importa un pito si te partes la espalda intentando lograr el equilibrio en tu vida. Si ya les tengo calados. Me pregunto si alguien se lo cree.

Y ya puesta, continuo con las preguntas:  ¿Se puede saber quién ha decidido que un niño con ocho años es mayor y  puede estar solo todo el día hasta que sus dos padres vuelvan de trabajar su jornada completa y sobre todo partida?. Pero que jodida manía la de las empresas de este país en obligar a comer en hora y media. Si a mí con quince minutos me basta.  Y también me pregunto, si el que puso la edad de ocho años para la finalización de la reducción de jornada era padre, y si era padre me pregunto de nuevo, si se ocupaba personalmente de sus hijos, porque pienso que seguro que tenía niñera, cocinera, planchadora y entrenadora personal  y estoy segura que desconocía la que tenemos que montar los padres normales para apañarnos y poder compaginar nuestro trabajo con nuestros niños.

Y qué manía la de este país de valorar más a los que salen tarde y echan horas en la oficina aunque sea frente a la máquina de café, que a los eficaces y que cumplen con su trabajo en sus horas.  En otros países a esos que hacen horas de más se les consideran unos inútiles, porque si las echan será porque son incapaces de hacer las cosas en el tiempo que deben. Aquí no, están magníficamente considerados los que echan miles de horas.

Y me pregunto por qué tenemos que tirar la carrera que con tanto esfuerzo hemos conseguido cuando tienes un bebe. ¿Es que realmente piensan que al dar la teta se te secan las neuronas?
Bueno, a veces yo misma lo pienso, cuando mi cabeza ya no abarca más información y empieza a guardar en no sé qué rincón recóndito de mi cerebro la que considera inútil. Y resulta que a veces la que guarda es la última definición del proyecto que tengo entre manos… En esos momentos que me quedo en blanco, trato de concentrarme para sacarla de su escondite, pero no hay manera, es como si se hubiera borrado el camino en las neuronas de los conocimientos que necesito y se me queda una cara de tonta concentrada.

De todos modos, tengo que reconocer, aunque os lo cuento solo a vosotros, que ahora, una vez que he regresado a la jornada completa de 40 horas semanales, he descubierto que estoy encantada.  Me cuesta reconocerlo...,  ¡pero así es! Aunque mi vuelta ha sido en condiciones, porque he negociado emplear solo media hora para comer en lugar de hora y media de rigor y así finalmente tengo un horario envidiable en esta España que aprecia mucho que sus empleados salgan a las ocho de la tarde y no tengan vida propia.

Pero os cuento porque estoy encantada, a ver, por ejemplo una tontería…,  pero que importante para la paz interior de una; he podido disfrutar con gran placer de ir al baño tranquilamente varias veces durante el trabajo.   Incluso me he permitido el lujo de comer lentamente y participar en la conversación de la sobremesa con mis compañeros: ¡Qué maravilla!

 Antes con la jornada reducida, como nadie se acordaba de que la tenía, aunque si  se acordaban a la hora de pagarme..., me repartían el trabajo igual que a los demás, y para terminarlo a tiempo me pasaba la mañana sin moverme de mi sitio para apurar al máximo y se me olvidaba ir al baño y muchas veces ni recordaba comer de la tensión de terminar todo antes de las cuatro, hora en la que debía salir zumbando hacia el cole.
Ahora me doy el gran placer de levantarme de mi sitio y caminar lentamente hacia el lavabo, conversar por el camino con mis compañeros, incluso detenerme en la máquina de agua a rellenar la botella gastando preciados minutos. ¡Que grandes placeres recuperados! 

Y es que ahora si no me da tiempo a terminar las cosas ya no es porque soy una mama con una jornada especial que perjudica el proyecto. Ahora que tengo el 100% de la jornada si no termino simplemente no he terminado: ¡Qué gusto!

Y una hora más de trabajo se nota pero que mucho, porque yo continuo haciendo lo mismo, la misma cantidad de trabajo, pero de otra manera. Al llegar pronto me entero la primera de las cosas, leo los correos antes de los demás, estoy informada de todo pronto. Cuando tenía reducción de jornada  y llegaba a la oficina a las 9:30 tenia mil llamadas perdidas y cientos de correos acumulados de problemas ocurridos a primera hora, y todos me decían, ¿Es que no te has enterado? ¿Cómo es posible? ¡Pues no! Acabo de llegar. 

Y eso de irme una hora antes también era un problema, porque en una hora la foto de un proyecto puede cambiar tanto…, que cuando llegaba al día siguiente no sabía si me estaban hablando en chino o en francés. Y como alguien no cayera en que yo no estaba cuando se cambiaron las cosas y tuviera el detalle de informarme, podía tirarme toda la mañana haciendo algo inservible. Y luego de nuevo el:  ¿Cómo es posible que no te hayas enterado? ¡Pues no!¡ Joder! Que no estaba! ¡Qué me pagan menos para no estar! ¡Que me piro antes para ir pitando a por los niños al cole! ¡¡¡Coño, caca, culo, pedo, pis!!!

Ahora ya me entero de que pasa, consigo leer y  organizar todo el correo y logro encontrarlo cuando lo necesito me siento más segura. Por fin, ahora que la falta de tiempo no me bloquea y me deja en blanco, ahora que tengo una hora más para pensar como hacer las cosas, ahora  siento que controlo la situación, por fin  me siento mucho mejor y menos inútil. 

Parece mentira, pero es verdad que estoy mucho mejor, y  estoy disfrutando muchísimo esto de trabajar todas las horas. Todo ha mejorado para mí, empezando por casa; ahora tengo que salir antes, madrugar más para irme antes de que mi familia se levante para llegar pronto a la oficina. Así que por las mañanas simplemente despierto a los niños, les doy un abrazo con el abrigo puesto, el bolso colgado y me despido.  El abrazo es un momento maravilloso, un buen comienzo del día, una sensación potente de paz y de amor.  Tras mi abrazo mañanero, que se ha convertido en ritual y cargada con esta energía tan positiva y  todos esos beneficios que cuentan por internet del abrazo, simplemente me voy de casa, cierro la puerta y les dejo con todo el jaleo allí en casa. Yo relajada y contenta me dirijo directamente a la oficina. Atrás quedó preparar desayunos, hacer camas, intentar recoger la casa para que quede decente (no tenga que venir una visita inesperada y se la encuentre hecha unos zorros), preparar la ropa, ayudarles a vestirse, obligarles a tomarse el desayuno, peinarlos…, vamos, la guerra matutina contra el reloj. Todo esto con la jornada completa se acabó.

Yo me voy, y allí les dejo, ahora es el papá quien se encarga de todo y lo hace mucho mejor que yo, porque conmigo los niños se comportaban como inútiles totales, se aprovechaban de mí y yo tenía que hacerlo todo. Las mamas les tenemos atontados con tantos mimos y protección. Con su padre no han tenido más remedio que hacerse independientes y al final se apañan. ¡Si incluso hacen sus camas!  De nuevo se apañan bastante bien.

Así que ahora, aunque madrugo sólo media hora más, llego una hora antes, descansada y fresca a mi trabajo. Sin haber dado ni un solo grito, sin haber perdido los nervios ni una vez, sin estrés, sin nada de nada. Además como no paso por los desayunos, no corro el riesgo de pringarme con nada y he empezado a llegar sin ninguna mancha sorpresa a la oficina… ¡Realmente una maravilla!

Incluso consigo preparar mi tartera por las mañanas, mientras desayuno tranquilamente oyendo las noticias en la cocina, sin niños exigentes pidiéndome cosas y entreteniéndome, haciéndome olvidar que yo suelo comer al medio día. Desde que trabajo toda la jornada he empezado a comer como dios manda. Antes con la locura contrareloj el día que lograba prepararme la tartera, cuando salía con las mochilas, basura, bolso y portátil, siempre me la dejaba en la encimera de la cocina. Al final terminaba comiendo a las cuatro de la tarde cualquier guarrería que pillara. Mi preferida era tras crousanes de oferta en Fuencarral-

Y por las noches estoy tan cansada de madrugar y de trabajar toda la jornada, com estoy la más cansada porque soy la que menos duerme y trabajo toda la jornada, así que toca a toda la familia arrimar el hombro y ayudar, porque ya mama trabaja como papá así que papá tendrá que ayudar en casa igual que mama. ¡Es la caña la teoría! A ver como nos va la practica...

En fin, que de momento, solo llevo un par de semanas pero esto no ha ido tan mal como pensaba… ¡Sino sorpedentemente mucho mejor!

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