33-Soy un moco andante

Si, ya sé que Enero y Febrero son los meses más fríos del año y es natural que así sea y es lo que toca… Y también se que son malos meses para irse a dar un paseo por el monte en Ávila, a los pies de Gredos. Que lo que hay que hacer es quedarse en el sillón de tu casa calentito, viendo una buena peli y mirando a través del cristal como otros pasan frio en la calle  ¡Pero era tan bonito el sitio! ¡Y tenía tantas ganas de escaparme de Madrid!
Que preciosas se veían las montañas de Gredos bañadas por la luz, que maravilla mirar al cielo todo azul  intenso y despejado . ¡Pero qué frio negro que hacía! ¡La leche!.  Forrados con gorros, guantes y bufandas nos dimos un paseo tan contentos. ¡Estos chicos de cuidad como somos! Yo  estaba emocionada con el camino que habíamos tomado; estrecho y sinuoso, lleno de barro y cacas de a saber que bicho,  y rodeado de arboles pelados y espinas de moreras silvestres. ¡Toda una aventura! Los del pueblo que nos hacían de guías nos miraban como diciéndose “mira que tontos estos madrileños que les damos una vuelta por un caminucho y están tan emocionados”.  Pero es que era un camino precioso y además tenía una sorpresa: ¡Encinas! Así  que nos pusimos morados a comer bellotas. ¡Para que luego no digan que  soy de pata negra!
Pero lo mejor de nuestra visita a Ávila fue el matadero. Suena muy siniestro, pero es que había tantas cosas riquísimas y todo lo que nos daban a probar estaba  tan bueno y tan bien de precio. Nos sentíamos como niños que están haciendo una gran hazaña: Adquiriendo carne de verdad, sin guarrerías de conservantes, estimuladores de sabor,  o a saber lo que le añaden a la carne del súper de Madrid. Aquí todo natural. Eso de ver el bicho entrar por un lado y salir   los filetes por el otro, sin historias y procesados intermedios  es increíble.
¿Y la leche? Me refiero a la de verdad.  Estará riquísima para lo que saben pero  a mí, que ya no tengo remedio, porque me he corrompido con las leches ligth y semi-light, sin lactosa y los más variopintos fluidos sospechosos  que llaman derivados lácteos, me parece demasiada fuerte y grasosa y soy incapaz de beberme ni un cuarto de vaso . Y como  me alcance algo de nada me muero…  Pero a mis niños les encantó. Sobre todo con una receta llamada “galleta inflada”, que consiste en llenar un plato de leche de vaca de verdad y meter cuatro galletas maría de las de siempre, de las gorditas, para que se llenen de leche y vayan hinchándose. Luego le echas bien de azúcar y a zampárselo.

Pero lo divertido de la leche es ir a por ella, al corral donde ordeñan a la vaca que tiene unas ubres gigantescas y donde te llenan la botella de cristal. Además en este corral hay un cerdo gigante, al que están engordando a conciencia para la siguiente matanza. A mí, que parece que no he tenido suficiente con el matadero, se me hacia la boca agua pensando en los riquísimos chorizos  que darán   lugar este pedazo cochino. Pero mejor me guardo para mí estos pensamientos, no vaya a ser  que los niños se me pusieran tristes al saber el destino del pedazo guarro que ahí vivía.
Así que tras un fin de semana muy campestre  y entrañable en una casita  de pueblo en Ávila, donde hemos disfrutado de la naturaleza y hemos pasado un frio de mil demonios, ahora soy un moco andante. 
¡Qué rollo esto de ser moco! Aparte del agobio de ir por la vida sin respirar y en mi caso también sin oir, con la cabeza embotada imagino que por tener el cerebro oprimido por una sustancia  asquerosa y repugnante verde, aparte del dolor de nariz cuando te has limpiado mil veces y del moquillo brillante perenne en la punta de la nariz. Aparte de los mocos que se deslizan a los pulmones y de la tos carrasposa que te queda, aparte de todas esas molestias corporales,  queda fatal ir una reunión de tipos muy serios con la nariz colorada y sorbiendo el moco todo el rato. Que cuando te despides estos señores dudan si darte la mano por si les dejas pegados un recuerdito… Si yo lo comprendo, esta semana estoy de lo más lamentable y por supuesto que todo el mundo pensará porque no se va esta mujer a su casa…
Pues no me quedo en casa por muchas razones:
Una, en mi casa tengo dicho que si no hay fiebre al cole. Esta es una norma infalible, que aplico con los pobre niños para evitar tenerlos todo el día haciéndose los malitos en las casas de las abuelas, porque estos con tal de irse a casa de las abuelas y saltarse la clase, son capaces de todo. Así que ahora que yo soy la enferma, pues me toca hacer eso de dar ejemplo que nos dicen que tenemos que hacer los padres… si, eso de enseñar con el ejemplo o algo así. De este modo aunque estoy hecha polvo y me siento fatal , cómo no hay fiebre---¡ al curro!
Otro tema, es con la que está cayendo mejor continuo currando. Y es que están tan negras las cosas y hay tanta incertidumbre que mejor no faltar, no vaya a ser que el día que repartan los cromos yo no esté y me lleve una sorpresa a la vuelta. A ver si van a descubrir que soy prescindible y mi trabajo se lo pueden repartir entre los que quedan…
Por otro lado, ¿Qué hago yo todo el día sola en mi casa?  Pues limpiar. Ya me veo mala, moqueando y venga a lavar y limpiar, organizar y recoger. Seguro que me pego la paliza padre enferma y  todo. Y este trabajo sí que nadie lo paga. Peor aún, nadie se da cuenta de que lo has hecho. Seguro que termino con fiebre de la locura que me da por sentir que tengo tiempo  para hacer las mil cosas pendientes en casa.

Así que me chuto un frenadol  y mil porquerías asquerosas que anuncian por la tele y que no me hacen ná de ná, bueno si me dan dolor de estómago y me voy con mi catarrazo al curro.
¿Seré ilusa? Me he ido a la farmacia y me he gastado una pasta en estos productos porque me he creído el anuncio ese del que se toma un vaso con el efervescente y al momento está tan contento. ¡Será posible! ¡Pero si a mí no me hace nada!  No sé cómo me lo he creído, si soy yo la que ando todo el día sermoneando a los niños diciéndoles que lo que sale en la tele no tiene que ser verdad, que solo quieren que nos gastemos el dinero. ¡Y voy yo y pico!  Como dice mi compi, de los costipados si vas al médico te duran una semana y si no vas pues siete días…
Con mi chute de guarrería, que no me hace nada, me voy dispuesta a dar ejemplo al curro. Esta vez no me vale el truco de los auriculares para animarme porque no oigo la música, o sea que me invento otro modo de impulsar mis pies paso a paso hasta la oficina. Tengo que llegar a 100 estornudos al menos hasta allí: Aaaaachis-uno, aaachis-dos…. Me siento un gran moco andante por el metro de Madrid.
Hace años que no me pillaba una buena,  y es que los últimos años mi empresa nos vacunaba de la gripe y de verdad que me fue realmente bien. Este año con la crisis no nos han vacunado y se han salido con la suya, porque se han ahorrado el gasto de las vacunas y encima estando mala trabajo. Vamos, mejor imposible.

En fin que como ya estoy en casa y he cumplido trabajando, son las diez de la noche y ya han cenado los niños, están durmiendo, he preparado los uniformes,  mi comida de mañana y os he escrito esta historia, pues que ya puedo sentirme muy enferma y meterme en la cama: Ay, ay ay…

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