31.-Tengo un frio horrible


Tengo un frio horrible, los pies congelados, no siento la barbilla, el viento de Enero me atraviesa el abrigo y llega hasta mis pobres huesos que se encogen en un intento de protegerse, pero sobre todo tengo frio en el corazón.
Estoy en el entierro del padre de un amigo, en realidad  ni le conocía, pero me es tan fácil conectar con mi amigo, sentir en mi propio ser su tristeza, pensar que ese que está ahí tan quieto podría ser mi propio padre...  En realidad me resisto y lucho para que no se me cuele ni una chispa de este pensamiento en la mente, intento eliminarlo con todas mis fuerzas, porque no puedo con ello.  ¡Que duro perder a alguno de tus seres queridos! A alguno de los que te acompañan y te moldean tal y como eres… Me siento tan triste, tan pequeñita, tan insignificante ahí  en el viento de Enero, entre toda esa gente que tienen el alma como yo; asustada por la muerte.  En este momento  interiorizo perfectamente esa frase de “no somos nadie” que se dicen mis mayores en estas ocasiones. Que gran verdad.

La muerte, que se nos olvida que existe mientras corremos como locos por la vida entretenidos en nuestras míseras rutinas.  Pero estos momentos, en los que de pronto, te das de bruces con ella, de golpe recolocas todas las cosas en su sitio y te das cuenta del tonto tan grande que estás haciendo preocupándote tanto y dejando de dormir por cosas tan banales y ridículas. En estos momentos que sientes que la muerte es real y que te puede llegar en cualquier minuto, comprendes que hay que disfrutar y sobre todo apreciar lo que tienes, lo que tanto valor tiene para ti, dejarte de tanta autocompasión y de lloriqueos sensibleros, y sentir, sentir, vivir y vivir.  Esto de la vida tiene fecha de caducidad y lo que es seguro, es que esto es lo que hay, y lo que habrá después pues ya se verá…

Veo a mi amigo, tan desecho y me apeno mucho por él, pero egoístamente pienso que en la ruleta de la fortuna de la muerte hoy ha salido su número y no el mío, y eso me alivia, yo  aún tengo tiempo, aun puedo disfrutar, aun me queda algo de tiempo para enmendar algo las cosas.
Para aprovechar más de mis niños, poder mirarles grandes ratos, observar las cosas que hacen y dicen, como se mueven, como piensan, llenarme el corazón de sus personitas.  Dedicar más tiempo a mis padres; Salir por Madrid con mi madre, merendar, ir de compras, intentar creerme sus cosas de los puntos milagrosos y las vitaminas. .. Escuchar a mi padre,  reirme con él, interesarme por las viejas historias que sabe, por su arbol genealogico de la familia.  Disfrutar junto a mi marido, salir a bailar, a conciertos, compartir las cosas que nos gusta, y querernos mucho más. Ver más a mi hermano, a mis amigos., compartir con ellos ratos buenos.  Aun me queda tiempo para todo esto...

Me dice su novia que llevan dos años horribles, una mala racha y de nuevo me viene a la cabeza una frase hecha y “es que las desgracias no vienen solas”, que sabios mis mayores una vez más, como conocen como es la vida… Yo por si acaso toco madera.

Qué vida más extraña ésta la de nacer para morir, y vivir para luchar, sufrir, llorar, reír…, sentir al fin y al cabo. Me acerco a mi amigo y como siempre me quedo sin palabras, me resulta tan estúpido decirle que lo siento, pero sí lo siento muchísimo por él,  por mi si me pasa lo mismo, por tener que vivir esta vida tan cabrona, por el miedo que tengo a que me toque a mi… Le doy el abrazo más largo e intenso que me sale, intentando pasarle mis buenas energías, intentando que sienta mi apoyo y que estoy ahí cerquita si me necesita. Quisiera poder ayudarle, protegerle, poderle librar de este trance, decirle como blindar el corazón, como dejar de sentir y sufrir.

Me acuerdo de otro viento de Febrero, hace más de diez años... Y sé, que lo que ahora no se soporta y parece imposible, el tiempo lo va alejando y día a día mi amigo descubrirá que llora menos y le duele menos,  no olvida, siempre lo llevará en su corazón, pero hace menos daño y ese dolor no es tan intenso y  no le impide seguir con lo suyo. Porque la vida es así, es una corriente fuerte y profunda que tira de ti para adelante y al final es muy difícil resistirse a ella. Pero cómo decírselo en este momento, como decirle que tenga esperanzas, que todo se pasará…

Terminado el entierro nos vamos cada uno por nuestro lado, a nuestras cosas, a nuestras rutinas. Y en un segundo olvido todas estas reflexiones, se me descolocan de nuevo las prioridades, me olvido de lo de disfrutar, de lo de aprovechar el momento, de lo de no ahogarme en un vaso de agua por una tontería, me meto de lleno en el trabajo, en las obligaciones y me vuelvo a agobiar porque un señor en su casa no ve bien si su ADSL va a 1M o a 10M. Esta gilipolled de nuevo me quita el sueño… ¡Parece que nunca aprendo!

 

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