21.- Cerrando puertas


Viernes de puente, pero yo he currado.  Irse a trabajar dejando a todos durmiendo por un lado joroba un poco, por lo del madrugón mientras los demás duermen a pierna suelta, pero por otro libera bastante.  Dejo a los niños con el papi que tendrá que inventar algo para entretenerles mientras fuera hace un tiempo de perros. Tendrá que prepararles el desayuno, lidiar con ellos para que hagan sus camas, se laven los dientes, se vistan, terminen sus déberes y no se enganchen con la tele o las maquinitas. Luego tendrá que hacer la comida, poner la mesa, recoger… Y mientras tanto yo estaré en la oficina, tan tranquila porque mis jefes se habrán ido de puente y encima seguro que los cuatro gatos que estamos nos daremos un buen homenaje para consolarnos tomando un estupendo desayuno de café y tostadas de tomate con jamón en Quevedo.  ¡Hoy es uno de esos días en que me encanta ir a trabajar!

Llego a casa a las siete y media de la tarde y se han ido todos con el padre al cine, tenía pensado tirarme un rato en el sofá aprovechando la paz de la soledad  y dedicarme un rato a recrearme vagueando. ¡Es un plan fabuloso!   Pero abro la puerta y me llega un tufillo a fritanga que no me gusta nada… Entro en la cocina, tres sartenes sucias en la vitro, la pila llena de platos, vasos y cubiertos, los manteles y los restos de comida por toda la encimera, y la mesa y las sillas llenas de bolsas vacías, papelotes  y restos de contenedores de comida.  Ummm, no quiero seguir mirando. Cierro la puerta con cuidado y me concentro para eliminar esa imagen de mi cabeza… Yo tenia un plan que  quiero cumplir. Vaguear en mi sofá.
Paso por el baño, y tras una mirada hago el mismo ejercicio que en la cocina, lucho con todas mis fuerzas por eliminar los detalles del baño de mi cabeza. De ese modo también voy cerrando las puertas de los cuartos de los niños. No quiero retener en mi memoria lo que veo.   Me voy despacito al salón, sin mirar mucho al rededor, despejo la mesa para que el trozo que vea esté algo respetable, me siento en mi sillón y repanchingada me pongo a ver una peli… Luego ya pensaré qué hacer con todo lo demás… Mañana será otro día.



Sin darme cuenta pienso  en mi queridísima abuela Dora, una pionera en su tiempo, mama trabajadora en los años de Franco, con cinco hijos y un marido de los de antes, de los que no ayudaban nada de nada y cuando volvían de trabajar esperaban las zapatillas en la puerta y la mesa puesta. Me pregunto, ¿Cómo esa increíble mujer se las apañaba para soportarlo todo? ¿Para tirar del carro todos los días? ¿Para llevar su familia sobre los hombros?

Mi abuela se mataba a trabajar para poder comprar yogures y filetes a sus hijos. Además de trabajar se ocupaba de los niños, de su educación, de su bienestar, de sus enfermedades, absolutamente de todo en un tiempo en que estaba mal visto que una mujer trabajara.  Cuánto me gustaría tener su fuerza y su coraje, para no ahogarme en un vasito de agua. Cuánto me gustaría poder  preguntarle cómo lo hacía, cuál era su secreto…

En el fondo ella me lo enseñó, siempre me transmitía su arraigo a la vida, en el fondo de mi corazón ya  lo sé; El secreto era su maravillo carácter. Era su forma de ver las cosas. Ella se reía de todo, buscaba siempre el humor en los reverses de la vida,. La recuerdo siempre contando sus anécdotas o inventando chistes.  Y hay una frase especialmente importante para mí y que muchas veces yo misma empleo, que era su lema “Ya me preocuparé de las cosas cuando pasen. No merece la pena preocuparse dos veces, antes y después”.

 Ahora me toca a mí seguir su ejemplo, pero a veces me cuesta tanto… Me cuesta  colocar en mi cabeza cada cosa en su lugar.
Una vez, hace mucho, muchísimo tiempo, antes de tener niños, y cuando tener pelusas por el suelo me quitaba la vida, le dije a mi marido; “La casa es mi equilibrio”. Madre mía, menos mal que ha resultado no ser verdad. Por necesidad me despoje de esas tonterías que había aprendido en casa de mi madre donde todo está ordenado y limpio, eso de tener la casa perfecta, las eliminé para simplemente poder sobrevivir y no volverme loca.
Hace tiempo que decidí dejar la casa en el último lugar de todas las cosas que son importantes para mi…  Solo que ha veces me cuesta tanto…Me cuesta tanto olvidar la pila de platos sucios y cerrar las puertas para relajarme en el sofá del salón a disfrutar de un ratito de paz.



 

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