26.-Día de la loteria


Día de la Lotería Nacional, primer día que la vivo con mi niña. Le he explicado en que consiste el temita de hacerse millonario:
-Mira Raquel, mama y papa compran unos numeritos y ahora tenemos que ver si esos niños de la tele los cantan. Si dicen los nuestros seremos ricos.
-¿Y nos compraremos una casa con jardín para tener un perro?
-¡Claro!, e iremos a Eurodisney...
-¿Y qué son esas dos pelotas doradas que giran?
-En esas bolas doradas están todos los números de todos los españolitos pringaos que tenemos esperanza de hacernos ricos así de golpe y poder tapar todos los huecos..., si tampoco pedimos tanto....- Y la pobre me mira con cara de qué está hablando mi madre.
Así que le explico la verdad del tema de la loteria:
-Hija, nadie regala nada en esta vida y a mí en concreto nunca me toca nada, así que seguramente me he gastado un pastizal y ni siquiera lo recupere. La suerte es sólo una ilusión para calmar a los bobalicones como nosotros y hacernos soñar que alguno puede tener lo de los ricos, pero en realidad las cosas se consiguen trabajando y mucho. Todo se consigue esforzándote  e intentándolo una y otra vez, porque lo realmente bueno de la vida nadie te lo regala y no es fácil de conseguir.- La pobre niña me mira de nuevo con cara de no me estoy enterando de nada mama...
En realidad si fuera por mí no me gastaría ni un euro de lotería, la compro por la tontería del “a ver si va a tocar a mi compañero, al de la otra planta, a los de mi departamento, al de la panadería, al del cole, al de equipo de Iván, al de… y a mí no”, y entonces sí que me da algo, por culpa de esa chorrada  supersticiosa este año me he gastado casi 100 euros. Que ahora que repaso todos esos papelotes, pienso en el bonito abrigo que me podría haber comprado con ese dinerito y lo mucho que lo rentabilizaría, no con estos decimos que seguro que ni me tocan.
Pero bueno, no sé por qué lo hago, si por seguir la tradición o por torturar a mi hija, pero quería transmitirle esto de la lotería para que lo sintiera como cuando yo era chica, y el día de la lotería me quedaba en casa de mi abuela. Ella tenía toda la mañana el programa de la lotería en la tele, y yo escuchaba la cantinela de los niños y  miraba como sacaban una bola, como otra, luego otra… así durante horas y horas, mitad con aburrimiento, mitad con inquietud, a ver si habían dicho nuestro número, éramos ricos y ahí estábamos sin enterarnos y perdiéndonos las celebraciones en la calle con champán. Y mientras yo estaba pegada a la tele toda la mañana, mi abuela limpiaba, recogía la casa y preparaba unas rosquillas buenísimas. Nosotros los niños la ayudábamos; hacia una especie de crater de harina, y ahi le echaba los ingredientes, los huevos, la leche el azucar. Y luego mi hermano, primas y yo metiamos las manos y nos liábamos a hacer que amasábamos esa masa. Lo pásabamos fenomenal y nos poníamos morados de rosquillas y números de loteria.

Tanto entonces como ahora lo que más me gusta de la lotería es ver a la gente celebrando que son menos miserables, esos que te muestran todos los telediarios y tu envidias de todo corazón. ¡Ay!, si yo fuera ellos…  Y entonces empiezo a soñar en como repartiría los millones con los mios, ¡Este juego me encanta! A mi familia les daría tantos millones, a la de mi pariente cuántos, a mis primos esto, a mis tíos que están muy mal aquello, a los amigos les pagaría las deudas... Y entoncés es cuando mi marido y yo empezamos a pelearnos porque no nos ponemos de acuerdo con el reparto a las familias. Tiene guasa que nos peleemos por una lotería que no nos va a tocar nunca...
-¡Mama, mama! Sube la voz que no oigo a los niños, lo dicen muy rápido y seguro que nos ha tocado y no me entero. ¡Mama, mama!  Ha dicho algo de cuarentamil algo, ¿Tenemos ese número? ¡Mamá!, ¿es este?
-No te preocupes que cuando termine lo metemos en el ordenador a ver si nos toca la pedrea.
-¡Mama, mama! Que esa señora no para de hablar y me pierdo los números.
-¡Mama, mama! Que no me da tiempo a escucharlos todos.
Pobrecina, le enseño la aplicación de internet donde puede consultar los números, como esta niña está digitalizada de nacimiento, lo pilla al momento, y se pasa las horas siguientes del sorteo comprobando si nuestros números han salido una y mil veces.
Empiezo a pensar preocupada que me he confundido y estoy creando una ludópata…
De pronto empieza a gritar como una loca:
-¡Mama, mama! ¡Nos ha tocado, nos ha tocado!- Está súper emocionada, le brillan los ojos y repira ahogadamente, es la primera lotería que le toca, aunque haya sido sólo el reintegro. No quiero quitarle la ilusión contándole que han sido 5 tristes euros porque compartía el décimo. Lo malo es que se ha pasado estos días diciéndole a todo el mundo que le ha tocado la lotería, y yo aclarando que no somos ricos cuando me miran pensando que me tengo my calladito  para no compartir mi fortuna, que sólo ha sido el reintegro…
En realidad este año ni hemos cubierto gastos, ni ná de ná. ¡Qué pena de abrigo!
Una vez terminado el sorteo ya se lo que me puedo gastar en regalos, como dice una amiga mía, circonita en lugar de brillantes… Tendremos que seguir con el presupuesto básico y continuar con el plan previsto.
Tras la lotería conseguí escaparme de los niños y me encontré en mitad del centro comercial con la visa en mis manos y la tarea de comprar regalos a diestro y siniestro. Intenté aclárame la cabeza y hacer un repaso mental de lo que había decidido comprar y tenía un verdadero propósito de ser fiel a mi lista, no improvisar e ir llevando la cuenta de lo que me gastaba.

Al principio todo iba bien, bajo control, los juguetes de los niños … pero según gastaba, algo en mí se animaba, algo oculto y oscuro que habita en mi corazón; el capitalismo. Creo que me he quedado corta con los juguetes, estos también les gustan, así pueden entretenerse en navidad…  ¡Anda!, qué echarpe tan mono… ¡Para mi madre!. Ummmm, esto es ideal para mi hermano…, Uy, qué ganga, esto se lo puedo encasquetar a mi cuñado, me llevo no uno sino tres, para todos mis cuñados… ¡Madre mía! Esto es lo que necesitaba….,¡Pues me autoregalo!, Ayyyy, que estupendo el libro del hobbit edición mejorada…,¡Para mi maridín!!
Y aquella tarjeta empezó a echar humo, y yo elegía, pagaba, elegía, pagaba, elegía, pagaba…De pronto tuve la sensación de que descontrolaba, como cuando estoy bajando por una pista negra con mis esquís, sin técnica, sólo basándome en la fuerza bruta de mis piernas y me doy cuenta que empiezo a descontrolar y a descontrolar, no puedo parar y soy completamente consciente de que me voy a meter una buena ostía… Pues así me sentía con mi visa en los grandes almacenes siendo completamente consciente de la ostia que me daría el banco a primeros del mes que viene.
En fin, que pasado el trago de las primeras compritas y con todo preparado para Papa Noel, llega la esperada cena de Noche Buena. Este año toca con la familia política, y como otras veces mi suegra hace muchísima comida, de modo que en Navidad repetimos para comernos las sobras…
Como todos los años nos ponemos hasta las trancas, cigalas, langostinos, jamón pata negra, queso, y todo tipo de buenísimos platos que nos vamos zampando, todo esto regado por vino blanco, rosado,  tinto, cava y por supuesto los copazos. Este año mi cuñado ha traído un vino tinto riquísimo, un pedazo  botellón de esos gigantes, de reserva del 2004. ¡Estaba de miedo!  y nos lo hemos pimplado en un santiamén, con este vino me ha entrado una tontería y una alegría. Siempre me dicen lo simpática que me pongo cuando estoy piripi.
Es una pena, porque de normal debo ser más algo sosa e insulsa, nunca se que decir, o que contestar,  y sólo borrachilla parece que me hago más interesante y sobre todo más ocurrente. Vamos, que con algo de alcohol me muero de ganas de contar mi vida a cualquiera, y me enrollo como una persiana. Estas Navidades estoy siendo de lo más interesante porque todos los días ando medio piripi, y es que salgo bastante barata con un par de claras de limón ya tengo la mente nublada y la lengua avispada.
En fin, que nos volvimos a casa bastante perjudicados y el problema es que venía Papa Noel y los niños a las 2:00 de la mañana decidieron que papa Noel tenía que encontrarse la casa en condiciones, y me obligaron a recoger y barrer el salón, mientras ellos colocaban bien el belén y el árbol que andaban ambos bastante dañados porque el gato ha descubierto que son muy entretenidas sus bolitas. Luego tuvimos que poner galletas y leche a los renos, que es una faena, porque me las tengo que comer con el cuerpo tan revuelto que llevo.
Cuando por fin logramos acostar a los niños, el padre se ha tenido que meter en la cama con los dos, porque ahora tienen miedo a papa Noel. A la niña no le mola nada que entré un señor y no sé cuántos renos en su casa, a ver si se van a confundir de habitación y terminan metidos en su cama. 
Ya toda la familia dormida, aún queda la tarea de ir al trastero a por los regalos y envolverlos. ¡Ay, qué perezaaaa!   Ah, y muy importante..., que no se me olvide...,  tengo que  llenar los calcetines de caramelos. He ido repartiendo  por todos los escondrijos de la casa caramelos y chocolatinas.A saber ahora donde leches los metí… A las tantas de las mañana me dedico a abrir y cerrar armarios y cajones, revisar los altillos de los muebles y todos los sitios donde guardo secretos… Joooeeeee, a quien se le ocurre inventar lo de los dichosos calcetines. Son demasiado grandes, y cuesta un riñón llenarlos de chuches. 

Luego bajo al trastero, intento no hacer ruido al salir pero como estoy algo borrachilla doy un portazo sin querer, pues vayaaaa…. ¿Alguien se queja? Parece que no, deben andar muy dormidos... Uff , menos mal...  Bueno, parece que he encontrado todo lo que buscaba en el trastero. He hecho un cambio de planes de última hora  sin consultar con el pariente, que anda roncando a pata suelta con los niños, he decidido que voy a poner casi todos los juguetes por Papá Noel, así podrán jugar más tiempo.  
Ahora sólo me queda el rollo de envolver todo esto: Tropecientos juguetes, libros y cuentos, uffff.  La verdad que a mi normalmente se me da fatal envolver regalos, pero encima hacerlo un poco perjudicada…
A ver vamos a acerlo bien; preparo muchísimos celos cortaditos en la mesa, todos del mismo tamaño y listos para ser usados.  Y me pongo manos a la obra  meto un tajo por aquí, otro por allá,  vaya me quedé corta de papel, le hago un apaño, pegando un trozo encima. Esto otro queda un poco arrugado no importa, lo apretó un poco le pongo muchos pegotes de celo y listo!. Vaya, este es redondo.  Pues hago como un cono, y arriba le doy vueltas miles de metros de celo, intento cortarlo con los dientes y el jodido se me pega a los labios, Ay, que grima!! …Bueno, este paquete ha quedado, como diría yo… ¡Creativo!  Joooeeee, y este es asimétrico. Estos son los peores, corto, doblo, pego, me falta por un lado, ya no tengo del mismo color, pego un recorte de otro color, corto, apretó, pego, más celo…Vaya…, han quedado un poco…, ummm, ¿cómo diría?  Quizás la palabra que busco es adefesios. Me importa un pito, me quiero ir a la cama, espero que los niños no aprecien ese detalle con la emoción y les parezcan los paquetes fabulosos y despampanantes. Todo es posible con la ayuda de la imaginación. Por fin cerca de las cuatro de la mañana logró acostarme.
Son las ocho y los niños nos despierta, estas súper nerviosos y tienen miedo, dicen que ayer oyeron muchos ruidos raros, portazos en los armarios y cajones  que se abrían y cerraban y una puerta que se cerraba de golpe. Vaya…, que poco discreta fui anoche…
-No os preocupéis niños, debió ser Papa Noél que buscaba algo…
Medio grogí, voy con ellos al salón, no me quiero perder por nada del mundo su cara cuando abren los regalos. Están encantados, este año Papa Noel ha traído más regalos que nunca…
-¡Mira Raquel! tenemos un montón de regalos. Si estos son los de papá Noel que siemrpe nos trae muy pocos,  ¿Cuántos traerán los reyes?
-¡Pues menos!, les digo algo agobiada mirando al padre de las criaturas.
Los niños son muy felices, el salón parece una juguetería, y la casa está llena de cajas, y papelotes.  Después de liberar los juguetes de sus miles de ataduras, y montar otros tantos ¡que mira que nos lo ponen difícil a los padres! Me voy a mi cama, que me duele todo de dormir en la cama canija de Raquel y tengo que estar lista para la Navidad.

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