18.-Una de terror: Tarde de dentista

Esta tarde tengo dentista, lo odio, lo odio, lo odio. Odio el dentista muchísimo y es que me da tanto terror.
Todos los años me pasa igual, retraso inconscientemente la revisión. Me invento mil y una escusas: “Este mes voy mal de pelas”, “estas semanas no tengo niñeros”, “estoy teniendo mucho curro”, “tenemos exámenes de los niños”, “no me encuentro de humor”… Y así van pasando semanas y semanas, y pasan meses y meses y también pasan las estaciones… y yo contino encontrando miles de motivos para retrasar la revisión del dentista.

Hasta que por supuesto un día, “¡Ayyyyy!”, me empieza a doler una muela un montón. Y como he tardado tanto en ir a visitar al dentista es demasiado tarde y no hay más remedio que hacer endodoncia, reconstrucción y funda: Ahora si que me he quedado fatal de dinero. Y esta vez lamentablemente para mi bolsillo no es una escusa.

Pero del dentista el dinero es lo que menos me preocupa, en realidad me aterra el chisme ese que perfora la muela y hace un ruido horrible.  No puedo soportarlo...

Está vez se me ha partido una muela por la mitad por el estrés. ¡Qué rabia! No sólo no gano más dinero por trabajar tanto y estar tan agobiada, sino que encima se me rompen las muelas de la presión que hago al appretar fuerte los dientes cuando estoy nerviosa. En fin, que le vamos a hacer: De nuevo endodoncia, reconstrucción y funda, un dineral, ¡se me llenan los ojos de lágrimas!

Así que sabiendo que como no me vea obligadísima me voy a escapar a última hora inventándome una escusa en cualquier momento, se lo digo a todo el mundo para sentir el peso de la obligación, organizo a los abuelos para que se encarguen de los niños e intento concienciarme para ir al dentista:
-No es tan malo, no duele, la anestesia es una maravilla, la dentista es buena persona…

Entro en la clínica haciendo acopio a todo mi control y con el corazón a mil por hora. Cualquiera diría que me voy a la guerra :-(

Hoy voy a probar la técnica de los cascos a mil.  Me lo ha recomendado una vecina. Así consigo anular el sentido del oido porque ya sé que no me duele con la anestesia. Sobre todo porque insisto para que me pongan mucha, y al final se me duermen los labios, se me caen los músculos de la mejilla y hasta el ojo. Es una sensación, como diría, algo incomoda…, pero la prefiero a sentir lo más mínimo.
El problema es el ruido, aunque no me duela, oigo el infernal sonido taladrando mi muela, y me pongo histérica. Yo creo que esto es una fobia de la infancia, porque con unos diez años me empastaron unas seis muelas sin anestesia y lo pase tan mal que nunca jamás lo voy a superar.  

Cuánto me he arrepentido toda la vida de comerme el azucar a puñados a escondidas de mi madre y mi abuela, y de no hacer caso de mis padres y no lavarme los dientes como ellos decían. Aunque debe ser un compotamiento que se hereda, porque mis hijos tampoco se lavan nunca los dientes y mira que les persigo todo el santo día.

Menos mal que ahora han inventado lo de sellar las muelas a los niños y la verdad es que es una maravilla.
Aunqe a lo que estoy esperando es a que inventen que te crezca de nuevo la parte del diente que te quitan. Así terminaríamos con las endodoncias, reconstruciones y fundas. ¡Sería la pera!

Es increíble ver como cambian los tiempos, me sorprende ver como mis hijos sueñan por llevar unos brackets de esos en los dientes porque ahora es lo que está de moda; de brillantes, zafiros, transparentes, de colores… ¡Si hasta la princesa Leticia los lleva! Y yo cuando fui de adolescente al dentista me dijo “no vas a tener ningún problema con los dientes, qué ilusa que me lo creí, y cuando no me cupieron las muelas en la mandíbula y se me torcieron los dientes y volví a ir me dijo, “bueno, ya está hecho y no es para tanto, ¿a ti te molesta?”.   No, a mi no, le dije. Pues ya está.  Todos contentos…

Ahora los niños deben tener los dientes perfectamente aliniados, y los padres nos dejamos uno o los dos ojos de la cara para ello. 

Ufff, ya vienen a por mí…   Espero que esta vez si me pongo la música de los cascos muy altos, lo llevaré mejor.  También podrían sedarme un poquitín, ¿no?

-Susana, la espera la doctora
-vooooyy, digo con un hilo de voz, y me tiemblan las rodillas.

Mi doctora es un encanto y sabe perfectamente que soy una cagueta. Se lo dejé muy claro una vez que después de una sesión del infernal taladro le dije que lo había pasado mucho menos peor en la cesárea.  La mujer pensaría que exageraba, pero desgraciadamente no es así. Esto es un rollo de esos mentales, estoy segura.

La pobre doctora me sonríe con paciencia, y me dice siéntate Susana.
Y yo evaluo la posibilidad de inventarme un imprevisto de ultima hora y salir corriendo de allí, no se, un “uy, me he olvidado de los niños y me están esperando en la puerta del cole”.  Uff, no, venga, que esta muela me duele mucho, relájate y cuenta hasta diez Susana… Tú puedes.

Obedezco y me siento en el sillón de tortura con cara de cordero degollado. Me sudan las manos instantáneamente. Me las sujeto y trato de relajarme.
-          Me puede poner mucha anestesia.
-          La necesaria, no te preocupes que terminamos pronto
-          ¡Ya!

Y un sudor frio me baja por la frente cuando empezamos con la sesión de torturamiento.  Miro las paredes y el techo y me pregunto por qué estos sitios son siempre tan espantosamente parecidos al laboratorio de Dr. jenkins y Mr.  Hyde. Con la silla esa de suplicio, las paredes azul triste y descolorido y los carteles de dientes y melas.  
Mientras trajina en mis dientes pienso con tristeza en cómo pierde la dignidad una con la boca abierta y el tubo ese asqueroso que te absorbe la saliva. Qué denigrante cuando se les olvida, no lo tienes y tu comienzas a ensalivar y a gesticular porque te ahogas o no sabes qué hacer con el líquido en la boca. O cuando se te tapona la nariz y no sabes cómo respirar. O cuando ya te duele la mandíbula y vas cerrando poco a poco la boca, hasta que te dicen, te voy a tener que poner el aparato de los niños… Y contino pensando en estas cosas tan penosas...

¿Y las endodoncias? Son horrorosas también y cuando terminas ya no sabes si tienen boca o un agujero negro porque la mandibula ya ni te responde. Odio que vayan limándome el nervio con las sierrecitas esas. Ayyy, me da una dentera grandísima cuando quedan trabadas en algún lugar entre el nervio y el hueso.   Siempre pienso que pasaría si cierro la boca y muerdo a la doctora. Imagino que no es muy educado por mi parte,  pero me muero de ganas...hay momentos de nervios que me cuesta contenerme.


Al final no ha estado mal, me ha puesto suficiente anestesia y se me cierra el ojo…, ¡Pero estoy encantada! Lo prefiero totalmente, estaba tan preocupada de que no me hiciera efecto en un principio, siempre me parece que comienza demasiado pronto con la faena y antes de que acerque el chisme infernal ya estoy “ay,ay,ay…”.

Esta vez lo de la música ha ayudado mucho, que me ponía nerviosa y el corazón se me aceleraba… Pablo Alborán “Tú y tú y tú y solamente tú…” , que el chisme suena mucho y no soporto oírlo, pues el “Dani California”  de Chilli Peppers. Que necesito superar el terror que me entra me pongo el “sin miedo” de Rosana.   Que necesito fuerzas y energías me pongo “Highway to Hell” de ACDC. Tengo repertorio para todos mis estados de humor. He venido bien preparada para la ocasión.


Por fin hemos terminamos y me voy para mi casa con mis niños. tengo la boca retorcida por la anestesia pero me siento súper feliz de no tener que volver a pasar por esto hasta el año que viene. O eso espero.

No hay comentarios:

Publicar un comentario