16.- Sábado de pintura

Estamos tan a gusto, no suena el despertador y no tiene porqué. ¡Hoy es sábado! ¡Qué bien no ir a currar! Aún estoy en la cama y entra luz por la ventana, ¡Que maravilla! ¡De día aún durmiendo! ¡Que bien se está en la cama mullidita los sábados!
Entonces oigo unos piececitos y mi niña entra en la cama,  luego escuchamos otros y entra Iván, y por fin hasta el gato viene con nosotros. Él también es uno más de la familia y no se quiere perder la fiesta.

Ya estamos todos en la cama... ¡Que maravilla! Qué gusto toda mi familia reunida, relajada y contenta. Pasamos la mañana jugando con los niños, haciéndonos cosquillas, contándonos secretos y sobre todo sintiéndonos muy, muy, muy felices, y queriendonos todos muchos.

Esto me trae recuerdos de cuando yo misma de pequeña con mi hermano iba de puntillas a la cama de mis padres los Domingos por la mañana. Eran los mejores momentos de la semana y me sentía la niña más afortunada del mundo. Yo le decía mi madre cómo era posible ser tan felices y ella me respondía porque nos conformábamos con los que éramos y apreciábamos lo que teníamos. 
Ahora de mayor me doy cuenta qué razón tenía mi madre y todo lo que sabía de la vida, es muy cierto que ese es único modo de sentirse feliz y tranquilo. Pero qué difícil es lograr conformarse con tu vida y lo que tienes. Qué difícil saber valorar.

El sábado es el día de los desayunos especiales. Me pongo el delantar de mamita hogareña y me dedico a probar recetas: Unas tortitas, unas magdalenas caseras, un bizcocho de yogurt, unas galletas con mala pinta, unos huevos revueltos, jamón frito, baicon. Yo lo intento, me estudio la receta, pongo todos los chismes y hago mis experimentos, pero me agobia mucho no saber si puse demasiado fuerte el horno o no, y me pongo de los nervios ver como no me sube el bizcocho o como las tortitas se me pegan... Yo lo intento y los niños  a veces me dicen los "mama, no está tan bueno pero me lo como". ¡Pobres!, saben que si  me dicen que está malo me desanimo mucho y volvemos a los kellogs rápidos de entre diario. Y a mis chiquitines  les encanta pringarse con la harina, el huevo y la leche, poniéndolo todo perdido...   Pero no me importa porque son unos cocineretes fenomenales.

El sábado también es un día de coladas porque entre semana no me da tiempo y la acumulo. Así que me encuentro una cesta gigante a rebosar de ropa sucia y maloliente (porque cómo le cantan los calcetines a mi chiquitín). Me pongo manos a la obra a separar la ropa por colores: La blanca renegrida junta para ponerla en un programa de agua hirviendo con lejía. La oscura con amoniaco, que dice mi madre que es bueno para el negro. Y la de colores por otro lado.  Pero no se cómo me las apaño que siempre la lio con la colada: O se cuela un calcetín aventurero y rojo del uniforme del cole entre la ropa blanca y entonces salen todos los calzoncillos rosas, que mosquea al padre y al hijo, pero que yo pienso " qué exagerado si no es tan grave...,  por qué, ¿quién les va a ver en el curro y en el cole los calzoncillos rosas? Hay que ser pijos... Y luego me imagino qué pensarían los compañeros de mi marido si supieran que va con toda la ropa interior rosa, y me parto de risa, lo que ya les sabe a padre e hijo a cuerno quemado...

Otras veces se me cuela algo delicado, de lana o algodón en la ropa renegrida que va con agua ultra caliente y sale enano, enano. Y de nuevo, qué mala suerte,  suele ser algo de mi marido, y queda con la talla de uno de los bebes de juguete de Raquel. Aquí me encuentro en un dilema, ¿debería haber secretos en nuestro matrimonio? ¡Pues claro que si! Es sano para la pareja... Así que cuando me pregunta, "¿has visto mi polo ese que tanto me gusta?", yo le digo "No tengo ni idea. Si cuidarás donde dejas tus cosas..." Y me libro cambiando de tema del problema.

También está el tema de la secadora, porque sí, es cierto, las secadora destroza la ropa. Pero a mi me da igual porque no me gusta llevar la ropa misma ropa varios años seguidos. Siempre termino cansándome de ella o me parece anticuada y fea, por lo que la secadora es mi mejor amiga y la escusa ideal para tener que comprar cosas nuevas ya que las que tengo terminan echas polvo. Eso si evito comprarme ropa buena, ¡porque para lo que me va a durar! Y por supuesto es imprescindible que todo aquello que adquiero sea lavable y secable. ¡Esos son requisitos básicos!

También el sábado es el día de hacer la limpieza de la casa, la compra, la comida, los deberes, estudiar...
Vamos que el día se pasa volando y yo termino hecha polvo.

Pero este sábado para no aburrirnos hemos decidido pintar nuestra habitación. He conseguido engañar a mi maridito.  Se me ha ocurrido que quedaría la habitación chula con una pared de otro color. Me apetece mucho un azul fuerte y vivo. El resto de paredes quiero que sean de otro color pero no lo tengo claro. Un blanco roto como las novias, pero no se, dudo...

Me he dejado los riñones empapelándolo todo para no manchar rodapiés, ventanas, armarios y parquet. Madre mía, esto es agotador, como se ve aqui que no estoy en forma, estoy sudando a chorros y no hago na de na... Menos mal que me he apuntado a zumba para hacer deporte. Creo que me va a gustar porque es baile y tengo tanto mono de bailar. ¡Cuánto echo de menos salir a bailar todos los finde!   Por eso yo estaba tan delgadita y grácil de joven porque lo quemaba todo baila que te baila durante horas... Ahora como mucho quemo la silla de las horas que paso sin moverme frente al ordenador.
En fin, que misión cumplida, mi parte del empapelado ha finalizado.

Ahora le toca al experto pintor de brocha gorda. Fuimos a la tienda y el señor de la pintura nos ha dicho que hagamos nosotros el blanco roto. Su indicación ha sido echar una gota de azul en el blanco para romperlo. Nos concentramos para echar una gota, pero lo que sale de la mezcla no tiene pinta de blanco, en realidad me recuera más a azul dentista... ¡que mal rollo!
-Será la luz, mañana seguro que con la luz se ve blanco roto como las novias...

Raúl hace con el rodillo los acabados gruesos, como tiene los brazos tan largos que llega del suelo al techo sin esfuerzo, arriba-abajo, arriba-abajo, ¡Buen entrenamiento para el sábado!. Mientras  yo con la brocha final y el pincel me encargo de los acabados delicados y artísticos. Porque mira que es complicadísimo hacer la esquina entre los paredes de distinto color. Llevo horas intentando que quede una línea decente entre las dos paredes. Venga escalera para arriba, escalera para abajo, dos pasos para atrás, observación de la dichosa línea y conclusión: "Esto es una chapuza". ¡Otra vez!  Escalera para arriba, escalera para abajo, perfilado de línea, observación y conclusión. ¡Esto no mejora pero estoy hasta el moño! Finalmente, agotada de tanto step gratuito he decidido que no me importa absolutamente nada que la línea en realidad sea una carretera curvilínea de la costa de Galicia.  Una línea así tiene su encanto casero...

El problema es que la habitación que hemos pintado es donde dormimos, y huele súper fuerte.
Creo que nos podemos intoxicar.  Me da que no es muy conveniente dormir ahí. Además tendríamos que vaciar la cama de trastos. ¡Qué pereza por Dios! ¡Con lo que me costó ponerlos! Si no tengo fuerzas...

Me doy una ducha y me quedo en el sofá del salón como un zombi.  Paso de dormir en la cama. ¿Quién necesita una cama para dormir? Hoy de aquí no me muevo.

Una vuelta en el sofá, otra, otra más. No encentro la postura del cuello, se me hunde el hombreo con un ángulo raro, no me caben las piernas,  se me tuerce la espalda, me duele el lumbago... Pruebo a levantar las piernas. Pruebo con cojines bajo las caderas. Boca-abajo,boca-arriba. De lado, del otro lado... ¡Ay... qué nervios! Finalmente decido dormir con la niña. Su cama no es muy grande, pero mi chica es muy pequeñita... Por favor, si está enana parece una culebra; no para de moverse y darme patadas. ¿Cómo un mico tan canijo me puede quitar toda la manta?. ¿Pero cómo esta enana me puede echar de la cama? Son las cinco de la mañana y ando por la casa como alma en pena...mi cama...mi cama...mi cama... Y el pobre de mi marido esté echo un ocho con sus dos metros de cuerpo roncando en el sofá del salón. 

Por fin amanece. Estoy como loca por quitar todos los trastos de mi cama y poder dormir. Pero ... ¡El color! ¿Será blanco roto o azul dentista!  ummmm... definitivamente azul dentista. Parece que nos pasamos con la gota del roto...

Me entra la hiperactividad. ¡Estoy agotada pero necesito mi cama y todas las cosas en su sitio! Me lio a limpiar, colocar las cosas en su lugar, poner los libros, fotos, cuadros. Y a las tres de la tarde, con los niños abandonados y lloriqueando porque tienen hambre, sin desayunar, en pijama, sin lavarme ni los dientes y sin tener lista la comida, ¡logró terminar mi obra maestra!  ¡Me encanta!

Ha sido un infierno de finde. Unos de esos tan agotador y horroroso que te hace valorar cualquier otro como maravilloso.   Pero estoy tan encantada con mi nueva habitación.¡ Además la pedazo siesta que me voy a pegar me va a saber a gloria!


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