15.- Escapada a Gijón

Estaba tan decaída, cada día me pesaba más y me sentía tan mal, tan inútil y metepatas. La lluvia me tenía el alma mojada y encogida y la rutina completamente agotada. Entonces Raúl tiró de mí y me sacó del abatimiento.

-Nos vamos de puente a Gijón

En realidad no me veía con fuerzas, pero lo organizó todo y yo me dejé llevar. Así que el jueves estábamos toda la familia montada en el coche camino a Asturias.

Nada más salir de Madrid se me alegro el corazón, me sentí liberada dejando atrás todas mis preocupaciones y los negros nubarrones que me habían agobiado estos últimos días. Sorprendentemente hacia el norte resplandecía mucho más el sol.

Soy muy feliz con los viajes. Los disfruto muchísimo. Me encanta ir de copiloto . Mirando el paisaje, las montañas, los sembrados de cereales, los campos de vides, todo pasar ante mis ojos. Me encanta el cielo infinito y las formas caprichosas de las nubes.

En esos momentos me siento tan insignificante que comprendo lo ridículo de mis preocupaciones. Me siento superada por tanto espacio abierto porque no haya obstáculo que me impida mirar al infinito, lo que no es muy usual para mí viviendo en una ciudad atestada de pisos.

Y noto como se me cargan las pilas y noto como se me alegra el alma. Kilometro a kilómetro me siento cada vez más feliz y relajada.

Puedo dedicarme a sentir gracias a que mi maridín no me deja conducir mucho en los viajes, y eso que ando todos los días con el coche para acá y para allá a toda pastilla por Madrid.

Pero cuando yo conduzco el pobre no puede descansar nada, bueno en realidad termina completamente agotado y estresado porque se pasa todo el tiempo frenando y acelerando, y diciéndome ahora gira, ahora acelera, ahora pon el intermitente, ahora... Y esto no es absolutamente nada saludable para nuestro matrimonio. La última vez que conduje terminé tirándole las llaves a la cabeza y tomé una sabia decisión; nunca jamás volveré a ser la piloto en estos viajes compartidos con él y siempre disfrutaré de mi papel de paquete apreciando estos paisajes que hacen sentir tan bien.

Bueno, siempre que no me quede frita, porque no sé qué será, quizás como me mece el coche, su vaivén y sentirme tan a gustito y feliz pero me empiezan a pesar los parpados, yo me resisto y aunque intento con gestos imposibles y muecas horribles mantener mis ojos abiertos, siempre, siempre acabo roncando y finalmente noto como Raúl me coloca la cabeza bien porque me quedo con el cuello retorcido en mi intento de no dormirme. Ya se ha vuelto en nuestra broma particular...

Al principio me agobiaba que si me dormía yo, se durmiera Raúl, pero he descubierto que tengo una confianza plena en él, y que aquí la única que tiene la capacidad de dormir a todas horas y en cualquier sitio soy yo.

Hicimos una parada del viaje en Astorga y probamos el cocido Maragato. ¡Dios mío de mi vida! No volveré a comer cocido nunca más. Lo prometo... Por poco reviento de tanto comer. Esta gente de castilla son unos exagerados comiendo. Primero nos pusieron una barbaridad de carne, chorizo y tocino entre otras cosas. Todo buenísimo, todo lleno de colesterol y grasa, ummm, para chuparse los dedos (a la porra mi dieta de sólo comer muesli...). En fin haré el sacrificio y me zamparé todo lo que pille en la fuente de barro, pensé para mi misma.

Ya estaba a punto de reventar cuando nos trajeron el repollo y los garbanzo. ¡Madre mía de mi vida! Otra vez buenísimo, creo que aun me queda un hueco en algún sitio de mi cuerpo. Y cuando ya no podía ni pestañear trajeron la sopa castellana... ¡Jesusito de mi vida! Estaba de muerte, creo que si empujo con la cuchara y me la meto a presión aun me cabe...

Finalmente después de que el dueño me echara un sermón por no terminarme todo, que señor más loco... y me jurara que existía gente que se lo comía y encima repetía, me convencí que estos paisanos de Astorga no son humanos, deben ser de otra especie con gran capacidad para nutrirse… No se, quizás se coman un cocido de estos y ya no tienen que comer más en toda la semana. Si, esa debe ser la explicación, ¡no encuentro otra!

Entonces me empecé a encontrar fatal, toda la sangre de mi cuerpo debió irse al aparato digestivo, imagino que el estómago necesitaba refuerzos para digerir la cantidad de grasa que le había regalado así sin avisar, y como toda mi sangre y energías estaba allí tratando de hacer algo con la carnaza y los garbanzos, me dejó de regar el cerebro. Se me nublaba la mente y veía estrellitas. La frente se me llenó de gotitas de sudor frío y por supuesto la tripa me estallaba. Esto no merece la pena... No vuelvo a comer nunca más... Jejeje, no me acordaba que íbamos de camino a Asturias.

Asturias, tan preciosa en otoño con sus hayedos de colores imposibles, sus bosques, sus prados y los magníficos Picos de Europa. Subimos a los lagos de Covadonga y para mi sorpresa estaba despejado, nunca antes los había visto sin niebla. ¡Qué pasada! La sensación fue sobrecogedora, estar rodeado por las magnificas montañas fue increíble. Los niños se volvieron locos corriendo por los senderos de arriba abajo, abajo arriba. Ahí estábamos toda la familia feliz el viento en la cara, llenando el cuerpo de libertad.

Tras una bajada de vértigo por la serpenteante carretera nos perdimos en los bosques frondosos verdes y anaranjados. No se cómo nos la arreglamos siempre pero nuestro Tomtom nos lleva por caminos muy extraños y cutres. Yo me preguntaba que opciones le habíamos metido a este trasto para llevarnos por mitad de la montaña por senderos perdidos de la mano de Dios De verdad que estaba todo el rato asustada y esperando que nos saliera al paso un hobbit escapado del señor de los anillos.

Pero como estábamos en Asturias y en otoño nos tenía que llover: El día del torneo de rugby de Iván en Gijón llovía sin parar. Una lluvia finita que podemos llamar calamamaboba. Nos armamos de paraguas y gorros y nos fuimos al campo de rugby que se convirtió en un barrizal. Los niños estaban encantados ¡Barro! ¡Al ataque! Claro, lo que tiene de atrayente el rugby es que están permitido realizar cosas prohibidas como lanzarse de cabeza al barro y las madres solo podemos pensar en el modo de sacar luego toda esa porquería... ¡He tenido que poner tres veces la ropa a lavar para sacarla algo decente!

Pasé el resto del puente con los chavales del equipo, siendo testigo de su alegría y juventud. Contagiándome de sus ganas de vivir y optimismo. Nos echamos muchas risas, compartimos con ellos sus emociones y aventuras. Y los padres disfrutamos de nuestro tercer tiempo entre bromas y copas en las cabañas del camping donde nos alojábamos en Gijón. No importaba que lloviera, en Asturias cuando lleve la vida sigue y la lluvia no pesa en el corazón.

Conclusión; ya estoy de vuelta con las pilas cargadas y en mi cabeza las prioridades colocadas en su sitio. De nuevo me siento fuerte y positiva. Ahora el trabajo no me parece tan importante ni mi error tan irreparable. Tengo fuerzas y energía para resolverlo. Puedo de nuevo con mi vida. ¡Aquí estoy lista de nuevo para luchar en la jungla de Madrid!

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