13.- Qué bien me sienta volver al pueblo

¡Qué bien me sienta volver al pueblo!


A la paz infinita, a la calma total, a un silencio maravilloso cuando te despiertas por la mañana.
Sin coches, sin ruidos, sin prisas, sin estrés, sin ciudad...

Me desperté en la casa de mi abuela, y al abrir los ojos lo primero que sentí fue la "luz".
La Luz cálida e intensa del sur. La Luz pintada en la pared encalada del patio.
Sombra y claro profundo, Luz pura. Y poco a poco se me llena el alma y el corazón de luz y calor y me sube un gustito cosquilleándome por todo el cuerpo.

Siempre me pasa esta sensación con la luz cuando duermo en casa de la abuela en el pueblo.
Me acuesto pensando que me despertará a la  mañana siguiente la maravillosa luz de Jaén.
Me encanta volver a Jaén y disfrutar del olor profundo a aceite, de la vista infinita de olivos, de la gente y de la alegría de Andalucía.

Siempre que voy al pueblo me quiero quedar, siempre pienso que esto si que es vivir como Dios manda.






Y esta casa que me trae recuerdos lejanos de la otra casa, la casa andaluza original, la casa encalada.

Cierro los ojos y la veo con la explendida  puerta de hierro forjado, las escaleras de caracol interminables, el patio, el pozo, el jazmín maravilloso de la abuela, los geranios, los barriles llenos de aceitunas machacadas y rajadas, la bodeguita de mi tío y la buhardilla donde jugábamos.

Y nos recuerdo niños; mi prima Bea, mi hermano y yo, muy chicos por la casa corriendo de arriba, abajo por las escaleras, riendo, gritando, felices...

Recuerdo a mi abuela, siempre atareada, siempre de aquí allá, en la cocina guisando; nos hacía unas patatas fritas riquísimas, con aceite del pueblo, nunca he comido otras igual. Y nos ponía gaseosa con unas gotitas de cerveza que nos sabía a gloria y a prohibido.

También la recuerdo atareada con sus preciosos ganchillos y puntillas, o en el lavadero con la ropa.

Recuerdo las flores de jazmines que nos ponía en las habitaciones para los mosquitos, recuerdo su olor intenso e inolvidable como lo impregnaba todo.
Recuerdo las noches en las mecedoras en el patio, viendo las estrellas con mis padres, tíos y primos, descubriendo las sombras de la noche.

Sobre todo recuerdo la alegría de nuestra infancia, pero sobre todo recuerdo la Luz del Sur.


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