14.- Sobrevivimos a la fiesta de pijamas


Las diez y treinta del Domingo y por fin se acaban de ir todos los invitados, Raúl y yo nos miramos, nos sonreímos y nos damos un beso: ¡Hemos sobrevivido al decimo cumpleaños de Iván!

 

Y es que los cumpleaños son una tortura para los padres, o por lo menos para mí.  Y eso que he tomado la firme resolución de simplificar las cosas. ¡Pero con los cumpleaños no lo logro!

 

Primero hay que hacer regalitos a todos los niños de la clase. Ya no sirve aquello de la bolsita de sugus de antaño. Ahora le das un sugus a un niño y te lo tira a la cara diciéndote, ¿pero qué birria es esto?

No, tienes que irte al chino de turno y tirarte horas buscando un regalito que cubra las expectativas y supere o al menos iguale el ranking de los regalitos de cumpleaños. Porque se ha convertido en toda una competición. Así que empiezas a buscar:

-Iván, ¿Qué tal estas gomas de borrar con rodamientos automáticos?

-No..., porque las regaló Luisín

-Vaya, ¿Y estos rotuladores fluorescentes?

-Ya los llevó Pedrito

-Ummm, ¿Qué tal los sacapuntas musicales? uy, se me van de presupuesto, carísimos, carísimos...

-¿Y las caretas por Halloween?

-No mami, el año pasado ya las llevamos...

-Vaya por Dios...

Al final han sido bolis de tinta invisible con luz descubridora. ¡Ha sido la bomba en clase! Estoy segura que la profe me va a odiar porque son ideales para hacer chuletas...

En fin, fase una del regalito de clase superada. Ahora hay que pensar en la fiesta para los amiguitos. Aquí hay varias modalidades: Está la de parque de bolas: Esta no está nada mal, unas monitoras muy agradables se encargan de los niños, de entretenerles, pintarles la cara, darles la merienda, de modo que te olvidas durante unas horas de ellos, luego invitas a los padres a algo y te tiras la tarde esperando a que terminen (como eres la anfitriona queda mal irse...) con la cabeza como un bombo por los gritos y el ruidazo de estos parques de bolas porque no se como lo hacen pero suelen meter 5 o 6 cumples a la vez y por supuesto no tienen un cuarto insonorizado para que la mama de turno se encierre. Al final viene la factura. Bueno la súper factura. Esta es la parte mala de los cumples en los parques de bolas que tienes que pagar la factura con gran dolor de cabeza y bolsillo...

También está la opción de celebrarlo en una hamburguesería, pizzería o algo similar. El inconveniente que te encargas tu de tomar notas a los niños, encargar y recoger la merienda, repartirla, encargarse de la tarta y los regalos. No hay bolas, pero estos sitios suelen tener algún chisme para que los niños jueguen. Es más barato que un parque de bolas pero los padres pringan más y el dolor de cabeza es similar al de parque de bolas porque tampoco tienen cuarto insonorizado donde esconderte.

Luego está la modalidad cumple en un parque al aire libre. En primer lugar necesitas buen tiempo garantizado, y luego tienes que ir a comprar, montar el chiringuito, repartir la merienda, encargarte de la tarta, los regalos, la piñata (que es un cumple campero sin piñata), entretener a padres e hijos con juegos típicos de domingueros estilo pañuelo, gallinita ciega y esos de toda la vida y por último recoger el tenderete que has montado... Lo bueno, no hay que barrer al final porque las migas son biodegradables.

Y la opción que intenté este año con Iván. Fiesta de pijamas sencilla en casa con un par de sus mejores amigos. Me pareció un buen plan, más barato y más tranquila.

El problema surgió cuando dos amigos se convirtieron en seis:

-Mama, pobre Juanito, él también es mi amigo y está muy triste porque no viene...

-Mama, Pedrito está llorando porque es mi segundo mejor amigo y no le he invitado...

Así el sábados nos encontramos con seis amigos más dos hijos a merendar, cenar, dormir y desayunar.

Yo la verdad es que el sábado cuando iban llegando los niños empecé a temer si el domingo seguiría viviendo con mi marido. Yo le miraba de reojo imaginando que se escaparía a mitad de la noche…

La parte de la merienda hasta la cena fue bien. Como vivo en una urba, los niños se fueron a la calle y no me enteré de ellos en toda la tarde (aunque mis vecinos si), no iba mal el plan de momento.

Lo malo es cuando como ya había anochecido, hacía frio, me vi obligada a dejarles pasar a casa. Ya no tenía escusas para mantenerlos en la calle.

Aquí ya mi plan empezó a torcerse...


Porque los chavales se portaron fenomenal, no lo puedo negar. Pero es que hay una cosa que no saben hacer: Es hablar bajito. Y yo no tenía ni idea de esto. Por más que se lo explicaba una y otra vez: Hay que susurrar, mover los labios despacio...

No eran capaces de hablar bajito, cuando quieren expresar algo que les mola sólo pueden gritar, y como estaban todos súper emocionados con dormir juntos pues mi casa era un girigay de gritos, risas y carcajadas histéricas.

Para ser sincera a mi me encantaba porque les veía súper felices y contentos. No me hubiera importado de estar en una casita en mitad de la montaña o algo así. Pero en mi piso estaba un pelín preocupada por mi relación con mis vecinos cuando a las tantas de la madrugada aquellos seguía de esa guisa. Además, ¿cuántas veces pueden 8 niños ir a mear, abrir y cerrar la puerta y tirar de la cadena? Hoy he visto a mi vecina de abajo y se me ha cruzado a la otra acera...sospecho que fue por lo del sábado...

El momentazo cumbre de la fiesta fue cuando abrimos la puerta del salón y los niños vieron tres colchones hinchables gigantes preparaditos para ellos. Esto fue la locura padre. ¡Imaginaros que tentación para ellos! Todos se liaron saltar, rodar, hacer volteretas de colchón en colchón. ¡Estaban fuera de si con la sorpresa!

Finalmente fueron buenos entrando en razón y tras distintas y variadas amenazas, incluida irse en pijama andando a su casa, comprendieron que los colchones eran para tumbarse nada más. Porque lo de dormir... A la una de la mañana aun estábamos con el "niños!! ¡A dormiiiiiiiirrrrrrr! Y todo eran risas y cachondeo. Ufff, seguro que mis vecinos me odian!

Otra cosa que nos hizo un pelín insoportable la fiesta de pijamas fue el madrugón que se dieron los niños. ¿Pero qué niño se despierta por la mañana para ir al cole sin quejarse y sin que haya que llamarle mil veces? Pues el domingo a las seis estaban todos ya despiertos. Y de nuevo, y aunque les intenté enseñar no fui capaz de que hablaran bajito...

Después de ponerles una peli y desayunar, no había manera de contener su alegría desproporcionada. A las 7:30 teníamos ocho niños emocionados de nuevo, felices y contentos pegando gritos como locos en mi piso. A las ocho ya esto era insoportable, yo estaba de nuevo muy preocupada por mis relaciones vecinales o porque apareciera la policía en mi puerta.

Así que Raúl, cual flautista de Amelin, se los llevó a jugar al futbol mientras yo me pegaba toda la mañana limpiando la casa, cocinando y preparando todo para la fase tres del cumpleaños de Iván: Fiesta con la familia.

El domingo por la noche Iván decía que había sido el mejor finde de su vida, y Raúl y yo no podíamos ni pestañear. Pero nos sentíamos agradecidos de haber terminado y mañana ir a la oficina a descansar.

Sin duda algo va mal con nosotros los padres de ahora y los cumples de nuestros hijos.

Estos son desmedidos, nos emociona celebrarlos pero nos pasamos dos pueblos.

Lo que me queda claro es que el año que viene lo tengo que organizar de otro modo, pero ¿de cuál? Ya he probado de todo hasta ahora y ninguno me convence, quizás el año que viene lo celebremos llendonos a las Canarias; muy, muy lejos de todo.



1 comentario:

  1. Lo peor de todo esto es que ahora has dejado el liston muy alto, y mi hija no se va a conformar con que vengan los amiguitos a pasar el dia en casa,ahora quiere su fiestade pijama, ya son mayores para burger, VIVAN LAS FIESTAS DE PIJAMA

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